BUSCANDO LA VERDAD

Mandela, Jesucristo y yo...

Mandela, Jesucristo y yo...

Gary Antonio Rodríguez Álvarez.- "Quien no perdona, no vive el presente, y agoniza día a día con su recuerdo; siendo infeliz, no sólo enfermará del alma sino que somatizará el problema: la ciencia empieza a entender que el cáncer es una consecuencia de la falta de perdón. Ejemplos hay de que el más grave oprobio cede bajo el poder del perdón. Este es el caso de Nelson Mandela, el ínclito líder sudafricano nacido en la tribu Thembu de la etnia Xhosa, que renunció a su derecho hereditario de ser “Jefe-indígena-originario” para educarse y llegar a ser abogado en 1942, sin que su tez negra haya sido un impedimento sino más bien su mayor incentivo para tal esfuerzo.
Su activismo igualitario se opuso a la más ignominiosa segregación racial contemporánea –el Apartheid–, lo que le significó estar varias veces en la cárcel, llegando a ser condenado a cadena perpetua. Sin embargo, 27 años de prisión no lo inclinaron al odio; más bien su pacífica denuncia hizo que el entonces Presidente de Sudáfrica, Frederik De Klerk, lo liberara en 1990 (…) Su capacidad de perdón –para muchos, síntoma de debilidad– fue su mayor fortaleza. Su educación y pacifismo le llevó a ser no sólo el primer Presidente negro de Sudáfrica, sino el primero elegido en democracia por sufragio universal. Siendo ya Presidente, Mandela no optó por el revanchismo sino que demostró su talla de estadista con una Política de Reconciliación Nacional. Tan generosa actitud le llevó a compartir en 1993 el Premio Nobel de la Paz con quien fue su “carcelero” –De Klerk– a quien, además, hizo su Vicepresidente. Mandela dio cuenta así de que el poder del perdón restaña las heridas y libera”. Recuerdo que escribí esto, el año 2006.
Nelson Mandela ha fallecido y ahora unos lo exaltan como un pacifista, pero otros recuerdan que estuvo dispuesto a matar por sus ideas y que llamaba “compañeros de armas” a Yasser Arafat, Fidel Castro y Moammar Gaddafi (http://cnnespanol.cnn.com/2013/12/05/mandela-un-companero-de-armas-de-fidel-castro/).
Conozco a otro hombre que jamás pensó en matar por sus nobles ideales, más bien murió por ellos; alguien que se dio en sacrificio no por un país, sino por el mundo entero; alguien que siendo inocente fue torturado, su rostro desfigurado, su cuerpo llagado y crucificado; alguien que –en su agonía– imploró a Dios perdón por sus verdugos. Hablo de Cristo Jesús, el Hijo de Dios que murió en la cruz por Ud. y por mí, para salvarnos de la condenación eterna. Muchos veneran a Mandela. Yo glorifico a Jesús. ¿A quién da honra Ud.?