Viernes, 4 de abril de 2014
 

BARLAMENTOS

Los bolivianos pagarán el pato de la fiesta

Los bolivianos pagarán el pato de la fiesta

Winston Estremadoiro.- Al retornar de Santa Cruz de la Sierra, donde el calor y la humedad se codearon con dos surcitos de lluvia y frescor, después de días añoré el aire acondicionado del clima cochabambino. Deduje que tal vez como consecuencia de los cambios climáticos, la regularidad otoñal en la tierra de Cañoto se muestra en el valle de Esteban Arce, en lo que llamaré un “marabril” de cuatro estaciones. No me refiero a gimoteos marítimos, sino a que en el fin de mes e inicios de abril, entre cerros verdes por las lluvias de locos enero y febrero, y un marzo que sigue colmatando ríos que sufrirán benianos con el agua al coto, se da un curioso junte de cuatro estaciones: frío otoñal al despertar, primavera en la mañana, verano caliente por la tarde, y noche rematada en gélida madrugada.
Puede que esté jalando demasiado las sábanas en esta afición mía por comparar, pero intento vincular tal curiosidad climática con la comedia política del país.
Se dio la primaveral esperanza de que un Evo Morales electo despejara la anarquía de gobiernos débiles acosados por sus huestes. Siguió un verano de cambios que fueron como una mano de pintura al edificio nacional, sin tocar los cimientos de megalomanía, ‘llunquerío’, corrupción y abusos de poder; más que cambios han resultado en un relevo de pillos, en mi opinión. Sobrevino el otoño ventoso de un país dividido, atenuado por la plata venezolana que bancó el proceso, la ideología cubana que lo sustenta, y el aplauso de regímenes afines, sumados a la coyuntura de buenos ingresos de materias primas, de buen precio del gas natural y los mellizos contrabando y narcotráfico.
Lo sugiero en Saetas a Evo Morales, libro mío cuyas ventas no superarán las de la autobiografía del Presidente, que se anuncia con bombos y platillos de escritor fantasma, glosas periodísticas y adulos vicepresidenciales. Más bien, el devenir de mi obra recuerda lo que citó Luis Alberto Roca García hace poco, creo que parafraseando a Unamuno: “escribir tiene origen oscuro y cumplimiento obligatorio”. Pero hace tiempo se ciernen nubarrones invernales del ocaso del régimen. Se cae la máscara del andamiaje egocéntrico (mejor dicho, ‘evocéntrico’), arrogancia proclive a la adulación, escándalos de corrupción y delitos de abuso de poder.
Para colmo, refucilos y nubes negras vienen del sur, lluvia segura. Puede importar más a su pueblo pelotero que River Plate haya derrotado después de diez años a su archirrival en La Bombonera, pero la autonombrada ‘madre de todos los argentinos’, anuncia ajustes económicos que opositores sugirieron hace tiempo. Leyendo entre líneas, quizá es doblegarse a los dictados del Fondo Monetario Internacional (FMI), que cobraría bonos millonarios que deberían amortizarse si la economía crecía a más del 3%.
Pues bien, el gobierno de Cristina Kirchner ha empezado por reconocer que el PIB no llegará al 4,9% alardeado; no crecerá más allá de la “trica” vaticinada. La inflación de 32% anual es la segunda del hemisferio, después de la venezolana. La hoy disciplinada pupila del FMI arremeterá contra los sacrosantos subsidios populistas del gas, el agua y la electricidad. Argentina sufrirá incrementos entre 100% y 284% en el gas, entre 70% y 400% en el agua y sabe Dios cuánto en la electricidad. Se acabó la fiesta populista y el pato de la juerga lo pagará el pueblo.
Pobre Venezuela. Está dividida en dos bandos irreconciliables, chavismo y antichavismo. Su penuria económica llega al extremo de que el FMI –cachorro del demonizado ‘imperio’– le ofrece ayuda. A Dios rogando y con el mazo dando, su incompetente mandamás pide a EE.UU no castigar a su nación. El fiel de la balanza no será el pueblo en las calles, ni la sorprendente carestía en un país riquísimo, ni el fin del malgasto de fantásticos ingresos petroleros, sino el llamado por alguno “ejército cubano de ocupación”.
¿Qué pasará en Bolivia, hoy que se extingue el auge de las materias primas? Tal vez cesará el dispendio de las reservas monetarias en aviones, helicópteros, satélites y autos blindados. Sostengo que para entender el proceso político boliviano, basta mirar en espejo venezolano. En el futuro inmediato el caballo oficialista saldrá primero en la próxima carrera, mientras la yegua opositora trota sin entender que lo importante no es ganar las próximas elecciones, sino recortar distancia con una minoría congresal que impida que se corra al antojo del Palacio Quemado: paralizar la aplanadora de los dos tercios. En este país corrupto de talegazos para comprar apoyos, y extorsionadores que se hacen ricos agrediendo con acosos judiciales, será mucho pedir que cesen los subsidios absurdos a los combustibles, menos aún reducir el aparato estatal y el gasto público, y casi imposible aspirar a tener buenos gobernantes.
Está claro que se desacelera un notable período de vacas gordas en la América Latina. No se sufrirán crisis como las de antaño con el bajón de precio de las llamadas ‘commodities’, un poco porque ha mermado algo la pobreza extrema, fomentando el surgimiento de nuevos ‘clase-medieros’. Sin embargo, en Bolivia persiste la desigualdad: en su gente aún hay un tercio de muertos de hambre. Harían bien sus gobernantes en despojarse de la arrogancia de creer, y hacer creer, que estamos en Jauja. Y la oposición, de la ceguera que impide recuperar la credibilidad ante un electorado que desea paz, trabajo y estabilidad.
De todas formas, como en Argentina, como en Venezuela, los bolivianos pagarán el pato de la fiesta populista.