Miércoles, 28 de mayo de 2014
 

DESDE LA TRINCHERA

Bibliografía de la soledad recurrente

Bibliografía de la soledad recurrente

Demetrio Reynolds.- Este término “soledad” nos persigue como una obsesión pasional. Ya nos cruzó por el camino tres veces, en diferentes épocas y con distintos autores. En 1950, Octavio Paz publica su libro de ensayos titulado “El laberinto de la soledad”, probablemente la obra más ponderada para el premio Nobel de Literatura (1990). Luego, Gabriel García Márquez publica en Buenos Aires su famosa novela “Cien años de soledad” (1967). Finalmente, el celebrado autor de “El vuelo de la reina” (Premio Alfaguara de novela 2002), Tomás Eloy Martínez, escribe su último artículo antes de partir: “Argentina, doscientos años de soledad”.

Después de que tanto se ha escrito sobre cada uno de esos autores, justamente como un postrer homenaje a su memoria, ¿habrá todavía algo más que decir? Por si las moscas, reseñemos un poco. ¿De qué tratan?

Octavio Paz aborda un tema controvertido. Un tiempo, hace 500 años, dos ríos se juntaron e hicieron un solo cauce histórico. Ese río no puede volver atrás. No fue pacífico; fue borrascoso, estridente, caótico… ¡Un laberinto! El problema es de mentalidad y de actitud: no queremos ser lo que somos; no somos lo que quisiéramos ser. “Siempre está lejos (el mexicano); lejos del mundo y de los demás. Lejos también de sí mismo”. La identidad dudosa o cuestionada desde dentro nos interpela. No eres foráneo; tampoco nativo. Eres todo lo contrario, diría con risueño humor Mario Moreno. ¿Pero quiénes somos? Sólo hay intuiciones, sin versión definitiva. Parece que nadie escuchara el clamor. Estamos en el desierto. Nos rodea la soledad.
En el fondo de una brillante envoltura hecha de mitos, leyendas y fantasías – la trama de las “mentiras”, como diría Vargas Llosa–, “Cien años de soledad” entraña una rebelión soterrada; es el subsuelo de una ideología política. No tiene la eficacia de una prédica directa, pero desde la fábula se proyecta la otra utopía. Éste es el mensaje esencial de la novela. La historia de Macondo se cierra con un toque de realismo mágico: la “tempestad bíblica”. No hay la perspectiva de una salida política. Y la realidad, más allá de la metáfora, sigue su curso. En la personalidad de García Márquez el creador y el artista son superiores al pensador político. Esa faceta es la que inclinó la decisión de la Academia sueca para concederle el premio Nobel en 1982.
“El vuelo de la reina” cuenta una historia que se “parece tanto a la vida”. ¿Puede haber una expresión más elogiosa sobre la calidad de una novela? La opinión es del escritor mexicano Carlos Fuentes. Narra una pasión sentimental montada sobre el andamiaje histórico de un país que se viene abajo por la corrupción política y la impunidad. Es “un tejido en el que la realidad y la ficción se interrelacionan”. El artículo mencionado es de febrero de 2010. Hoy hace sólo tres años, Tomás Eloy Martínez aún tenía la misma visión del pasado. Igual que ayer –ha dicho– Argentina está “entre las brumas de un país a la deriva”. Desde su fundación una de sus “obsesiones era alcanzar la grandeza. Lo que ahora obsesiona al país es el miedo a la pequeñez”.
¿Qué soledad oprime a nuestros países? El vacío de la frustración y la impotencia.