Miércoles, 28 de mayo de 2014
 

RESOLANA

Sexo y poder

Sexo y poder

Carmen Beatriz Ruiz.- Dicen por ahí que no hay mayor afrodisiaco que el poder. Dicen también que la posición de poder es tan efectiva que duplica los supuestos atributos fálicos de los poderosos, tamaño que decrece hasta menos de lo dignamente permitido... cuando ya no ostentan ningún tipo de mando. Habladurías aparte, lo cierto y contundente es que lo que les crece es la sinvergüenzura, como se demuestra con solo unos cuantos hechos difundidos a través de los medios de comunicación y del Órgano Judicial, de los muchos que seguramente ocurren y no se conocen públicamente.
El ex alcalde de Pocoata, departamento de Potosí, ha sido inculpado, liberado y nuevamente preso por los delitos de violación y muerte; un asambleísta del departamento de Chuquisaca inculpado y sentenciado por abuso y violación; un diputado del departamento de La Paz, acusado de violación y, más recientemente, otro alcalde, esta vez de la ciudad de Santa Cruz, fue filmado, literalmente, in fraganti por tercera vez. Éste, por lo visto, además de sinvergüenza es exhibicionista y la publicidad le es indispensable porque se sabe impune. Habrá quien piense que es un exceso poner el juego de manos del alcalde cruceño en la misma lista que las violaciones y los asesinatos. Es cierto, son delitos de orden distinto, pero su origen es el mismo, ya que se trata de abuso de poder.
El abuso masculino se ejerce sobre las mujeres desde hace siglos y ha tomado innumerables formas, desde prohibirles la educación y decidir sus matrimonios y sus vidas hasta vejámenes físicos y sicológicos de toda índole, tanto y tan diverso que es difícil calificar sus formas extremas y no hay institución ni época ni cultura que se salve (prisión, tortura y hoguera durante la inquisición, ajusticiamientos en las revoluciones fundacionales y en las luchas independentistas, y “limpiezas étnicas”, mutilaciones genitales y piras funerarias todavía en pleno siglo veintiuno). Pero la violencia sexual nunca dejó de ser la más oprobiosa forma de intento de dominio.
Los ataques sexuales son una de las manifestaciones más sórdidas de la ideología patriarcal, que asegura a los hombres una supuesta supremacía moral y de poder sobre las mujeres, basados, sobre todo, en la prepotencia, la fuerza bruta y la impunidad judicial y social. Pero, no tiene por qué seguir siendo así.
Las sociedades en general y las mujeres de modo particular, desarrollan diversas formas de defensa de su seguridad y dignidad. Una es la creación de instituciones (unidades especiales de la policía y la fiscalía, servicios legales municipales) y normas jurídicas (Ley 348) para atender específicamente la prevención y manejo de casos de violencia contra las mujeres, en todas sus modalidades. Instituciones y expresiones de los movimientos de mujeres estudian y divulgan datos sobre el estado de la situación y sus consecuencias. También hay redes ciudadanas de difusión de derechos, defensa personal, acogida transitoria y, en general, de auto protección.
Todo es bienvenido y a todo ello debe sumarse, sin embargo, una de las tareas más difíciles, cual es cambiar las conductas sociales que permiten y hasta alientan la impunidad de los machos en celo. Hay experiencias exitosas. Por ejemplo, además de los correspondientes procedimientos judiciales y de la evidencia pública que aportan los medios de comunicación, la sociedad puede poner “al hielo” a autoridades abusivas, deberíamos presionar para que se las despida, se pueden desarrollar y apoyar iniciativas de control social como las que lleva adelante, en solitario y con efectividad, el grupo Mujeres Creando, y por pedagogía social, evidenciar y premiar las conductas respetuosas. Por sobre todo, informar y fortalecer la seguridad de las mujeres de que nunca, nadie y por ningún motivo, tiene derecho a tocarlas si ellas no quieren. Cada mujer, un territorio libre.