FUNDACIÓN GRAN MARISCAL DE AYACUCHO

Manifiesto del Agua

Capítulo agua y tierra

Fundación Gran Mariscal de Ayacucho

EL CAMBIO GLOBAL
Las calamidades que describe el Apocalipsis empiezan “cuando la tierra comienza a secarse y no produce”. La humanidad ha superado la capacidad de carga que provocan los gases de efecto invernadero que atrapan el calor de la atmósfera y causan el Calentamiento Global y la falta creciente de agua sobre la tierra, ocasionando, sobre todo en los países pobres, catástrofes ecológicas irreversibles.
El calentamiento global emergente del cambio climático ya está presente y es un hecho concreto que enfrenta a la humanidad a un problema diferente y nunca visto en nuestro tiempo. Todos los seres humanos del planeta, “comparten la misma atmósfera y sólo tienen una” y esta condición marca la dimensión planetaria del desafío.
A no ser que toda la ciencia esté equivocada, debemos llegar a la conclusión de que el calentamiento global está vinculado con el aumento de los gases de efecto invernadero emitidos, en la mayor proporción, por los países desarrollados, y que son los países pobres quienes pagan el precio más alto por el cambio climático, de modo que hay una relación inversa entre la responsabilidad por el calentamiento global y la vulnerabilidad ante sus efectos.
Existen abrumadoras pruebas de que el cambio climático puede paralizar y luego revertir el desarrollo humano.


POLÍTICA PLANETARIA Y NACIONAL
Frente a esta amenaza global, el objetivo esencial de la política planetaria del cambio climático, es la reducción de la emisión de gases invernadero para evitar las calamidades que el calentamiento global pueda provocar en el futuro.
Pero los efectos que actualmente provoca el cambio global, y que en el 80% afectan a los países en desarrollo, no siempre se encaran ni resuelven en las cumbres internacionales con la urgencia deseable y la oportunidad que exige mitigar las calamidades que sufren hoy los pueblos pobres.
En general, los grandes problemas que genera el cambio climático, se ordenan en torno a tres cuestiones fundamentales:

La prevención de las calamidades que el calentamiento global puede provocar en el futuro, si no se comienza a reducir desde ahora, mediante una política planetaria, la emisión de gases de efecto invernadero.
La mitigación de sus efectos actuales.
La adaptación al cambio climático, que es irreversible.
La mitigación y la adaptación al cambio climático, son responsabilidades que exigen a los países pobres, soluciones específicas que deben encarar mediante políticas nacionales y propias, coordinadas con las políticas planetarias.
Esto quiere decir que la respuesta al cambio climático debe darse en dos escenarios: uno planetario y otro nacional, necesariamente unidos.
La especial vulnerabilidad de Bolivia a los efectos del Cambio Global, nos exige tomar conciencia de la necesidad crítica de estructurar una Política Nacional para dar una respuesta a los problemas de adaptación al cambio climático de acuerdo a las condiciones específicas del país.

FUNDACION GRAN MARISCAL DE AYACUCHO. PROPUESTA
Con esta preocupación, la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho, creada en Sucre por universidades e instituciones cívicas hace más de 15 años, y conocida por su vinculación permanente al desarrollo del Proyecto de Irrigación Cachimayu, se propone hacer una contribución, por modesta que ella sea, para desarrollar en Bolivia las bases de una política nacional del cambio climático que servirá, al mismo tiempo, para estructurar la transformación productiva del país y reducir la pobreza.
¿Cuál es el camino?

LA MÉDULA DEL PROBLEMA ES EL AGUA
Si el efecto primero y más devastador que hoy provoca el calentamiento global es la falta creciente de agua sobre la tierra, la médula del problema es el agua, y es en torno al agua que debe estructurarse la política nacional del cambio climático y el desarrollo.
Se multiplican las sequías y los incendios forestales, el derretimiento de los nevados de las cordilleras y las inundaciones, decrece la productividad agrícola y aumenta la falta de alimentos, creándose enormes vulnerabilidades que desembocarán, necesariamente, en el hambre, las enfermedades y el “calentamiento social”.
Esta sinergia de calamidades comienza con la falta de agua, La clave de la respuesta al cambio global, en consecuencia, está cifrada en la ordenación y estructura de una Política Nacional basada en la Revolución del Agua, que sin pedir a la realidad más de lo que la realidad puede dar, sea posible en el marco de los recursos naturales del país y de una voluntad política de supervivencia nacional.

BASES DE LA REVOLUCION DEL AGUA. PROYECTO NACIONAL
Los pilares de esa política se compaginan en torno a tres factores interconectados que constituyen las premisas del proyecto.

Primero.
Bolivia es un país que tiene un extraordinario potencial acuífero y, paradójicamente, enormes extensiones de tierra improductiva por falta de agua.

Segundo.
El prerrequisito indispensable para el aprovechamiento de ese potencial acuífero, es la disponibilidad de energía; Bolivia posee grandes yacimientos gasíferos y el gas debe ser la palanca energética de la irrigación del país, sin descartar otras fuentes de energía.
La utilización de energías renovables (eólica y solar) para la obtención de agua, es una posibilidad que tiene la ventaja de que el país dispone de gigantescas reservas de litio que es el material básico para la fabricación de acumuladores de energía que es el punto crítico para la utilización de las energías renovables.

Tercero.
La población de Bolivia es reducida y sus exigencias alimentarias, menores, lo que favorece la gestión de la reducción de la pobreza y de los problemas del desarrollo.

A partir de estas premisas, la estructuración de un Proyecto Nacional para mejorar el aprovechamiento de nuestros recursos hídricos y reducir la vulnerabilidad del país al calentamiento global, se ordena en torno de algunas ideas muy simples:

Elevar el nivel de los ríos y extraer el agua de los acuíferos subterráneos, utilizando la energía del gas.
Si la energía es la condición del agua y el gas es energía, la llave de la política nacional del cambio climático, es la cadena gas-energía-agua-tierra-tecnología.
La nueva e inmensa disponibilidad de agua que se puede generar en esta forma, haría posible:
a) Reponer y compensar la disminución de agua causada por el calentamiento global.
b) Irrigar extensas zonas semiáridas del país que actualmente son improductivas por falta de agua.
En esta forma, se fortalece la unión indisoluble que debe existir entre respuesta al cambio climático, desarrollo y reducción de la pobreza. La lucha contra la pobreza por el camino de la producción, sigue siendo la prioridad fundamental.
A medida que se eleve el nivel de los ríos y se extraiga el agua subterránea, millones de hectáreas de tierra, ahora improductiva, se sumarán a la producción de alimentos.
La transformación productiva y sostenible de la tierra es impensable si para acrecentar la disponibilidad de agua, no se utilizan, en gran escala, las Nuevas Tecnologías y la Transferencia Tecnológica. El secreto del desarrollo es acceder a la tecnología, como nos revela el progreso de Asia y por omisión, el rezagamiento de América del Sur.
Al aumentar la extensión de la tierra roturable del país por la mayor disponibilidad de agua, se podrá distribuir nuevas tierras a los campesinos, alejándose la amenaza del “calentamiento social”.
La disminución de la pobreza, consiguientemente, estará en relación directa al incremento de la disponibilidad de agua para la producción de alimentos.

La elevación del nivel de los ríos por medio de tomas de agua y de acequias para ganar altura, y la construcción de pozos, son, en realidad, formas de irrigación utilizadas por el hombre desde tiempos inmemoriales. Lo nuevo es la posibilidad que ahora existe de aumentar, en forma extraordinaria, el rendimiento de estos sistemas, utilizando las Nuevas Tecnologías, los Nuevos Materiales y las Energías Renovables disponibles, para bombear el agua de los ríos a grandes alturas y perforar pozos de gran profundidad, lo que permitirá utilizar los mismos procedimientos, con resultados absolutamente distintos y superiores. En esta posibilidad está cifrada la idea madre que se propone para estructurar la Política Nacional de cambio climático y desarrollo en Bolivia.

FINANCIAMIENTO
Cambios de esta magnitud requerirán un cuantioso financiamiento. Bolivia carece de la capacidad financiera y técnica necesaria para enfrentar, por sí sola, el riesgo climático y requerirá de la ayuda externa para hacer el monitoreo de las Nuevas Tecnologías aplicables para el desarrollo de un plan nacional de irrigación y transformación productiva.

El financiamiento tendría dos vertientes;

a) La ayuda externa de los países desarrollados y de los organismos internacionales en el marco del Fondo Verde creado en Cancún. Una política internacional de coexistencia pacífica con todos los países del mundo, independiente y soberana, permitiría constituir un Fondo Fundacional de Cooperación Externa, que sirva para ayudar a un país vulnerable y pobre, como es el nuestro, si sus esfuerzos para dar una respuesta al Cambio Global, son el ejemplo de una voluntad creativa y nueva de supervivencia nacional y desarrollo.

La ayuda interna. Lo que tiene suprema importancia para Bolivia, es descubrir la forma de pagar con gas el desarrollo y concebir el gas como la ayuda interna del país, para enfrentar el cambio climático, el desarrollo y la pobreza. El Título X de la Ley de Hidrocarburos podría abrir esta vía mediante la socialización del gas.
La crisis de la industria gasífera del país y la disminución de reservas es coyuntural y no debe inducirnos a borrar el gas del Proyecto Nacional.
Estamos, pues, frente a una realidad diferente. Sabemos que Bolivia es un país vulnerable, pero sabemos, también, que posee potencialidades productivas, -agua, tierra, gas-, que pueden servir para sostener su capacidad de respuesta al cambio climático, aplicando las Nuevas Tecnologías para su explotación, con miras al desarrollo económico y social.
El Calentamiento Global no espera y debemos enfrentar la cruda realidad del ahora. El tiempo seguirá su curso y mañana puede ser demasiado tarde.

LA IRRIGACION DEL ALTIPLANO
La Irrigación del Altiplano es un proyecto que clarifica la visión y el alcance de la idea de una política nacional de transformación productiva basada en la Revolución del Agua.
Este Proyecto fue propuesto en años pasados, como una tesis: “La Conquista del Altiplano” para dar un destino al Collado, desarrollar el Occidente de Bolivia, sentar las bases del desarrollo igual y equilibrado del país y reducir la pobreza de los campesinos. El desafío del cambio climático no se había planteado todavía. Hoy, esta propuesta se fortalece y nos hace ver la inmensa necesidad de ideas innovadoras y de recambio para enfrentar el cambio climático y la pobreza.
La Conquista del Altiplano, como la conquista del desierto, es impensable sin el agua. El Altiplano es un gigantesco reservorio de aguas subterráneas y la tierra, allí donde hay agua, florece, tiene vida y produce. Pero la condición para extraer el agua de los acuíferos subterráneos es la energía. El gas es energía. Por eso la batalla del Altiplano comienza con la batalla del gas y la clave del problema es crear en Bolivia una voluntad política nacional para utilizar el gas para la irrigación de todo el país. Lo fundamental no es industrializar el gas, sino industrializar el país con el gas.

PROYECTO CACHIMAYO
Otro antecedente, que enriquece la propuesta, es el Proyecto de elevar el nivel de las aguas del río Cachimayo, utilizando la energía del gas, con la finalidad de irrigar las zonas semiáridas que rodean la ciudad de Sucre y se extienden a Yotala y a las extensas pampas de Yamparaez. Es un ejemplo que permite ver la posibilidad de utilizar el potencial hídrico de este río (160.000.000 m3/año), que actualmente se desaprovecha totalmente, para mitigar las sequías que causa el cambio climático y, al mismo tiempo, para extender las áreas de tierra roturable de la zona, en un proceso de transformación productiva que le daría a Sucre un nuevo destino económico.
En el marco del Proyecto Cachimayo, cuyos estudios de factibilidad están terminados, la experimentación de las Nuevas Tecnologías Agrícolas de Almería (España), en las condiciones climáticas de Sucre, realizada en el Centro Experimental construido en la Universidad Andina Simón Bolívar (2009-2010) con la cooperación española, ha tenido extraordinario éxito y permite esperar que el proyecto de irrigación Cachimayo transforme a la región en una importante zona productora de hortalizas.

IRRIGACIÓN DEL CHACO
En Bolivia, el agravamiento actual de las sequías del Chaco revela, dramáticamente, los efectos del calentamiento global y resulta una paradoja que una zona cruzada por ríos de un potencial hídrico tan grande como el Pilcomayo, el Parapetí, el Acero y el Río Grande, y en la que se encuentran los yacimientos gasíferos más importantes del país, no se piense en utilizar el gas para bombear y elevar el nivel de agua de estos ríos e irrigar la región.

CIENCIAS DEL CLIMA, EL AGUA Y LA TIERRA
Debemos aceptar la dura verdad de la realidad del cambio climático y contribuir a enfrentar el desafío.
Con este convencimiento, la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho, tiene el propósito de dar un primer paso y organizar una red académica de cursos de formación e investigación, en coordinación con universidades y organismos internacionales, con las siguientes finalidades:
La formación a distintos niveles, de contingentes de expertos e investigadores en áreas temáticas de la adaptación al cambio climático: Ciencias del Clima, el Agua, la Tierra, la Energía, y las Nuevas Tecnologías.
El estudio de la estructuración de una Política Nacional del cambio climático y de la transformación productiva de la tierra basada en la Revolución del Agua.
La enseñanza práctica, sobre todo a los campesinos, del cultivo de hortalizas y otras especies con las técnicas agrícolas de Almería probadas en el Centro Experimental de la Universidad Andina Simón Bolívar.
Organizar eventos de estudio y difusión para la concientización de la respuesta nacional al cambio climático.

UNA REFLEXIÓN
Somos un país forjado en el sufrimiento. En quinientos años de adversidad, hemos podido caer cien veces, pero cien veces hemos sabido levantarnos y seguir adelante. Nunca hemos visto el futuro a través de las lágrimas de un país vencido. Ahora, estamos amenazados por un peligro diferente, el cambio climático. El agua, que es la vida de la tierra, está disminuyendo, inexorablemente, por efecto del calentamiento global y el desafío es adaptarnos al nuevo clima, que es irreversible, y asumir las responsabilidades de nuestro futuro desarrollo.
La salvación de la Madre Tierra mediante la Revolución del Agua, puede ser un gran factor de unidad y reconciliación nacional. Sembrar gas para irrigar el país, hacer florecer el altiplano y dar vida al Occidente y el Chaco boliviano, regular los ríos del Oriente, es un designio que surge como un mandato de la historia y la naturaleza, que servirá para unir la voluntad nacional, porque siempre llega el momento en el que las grandes necesidades de un pueblo se realizan históricamente.
La irrigación del país mediante la reversión de la energía del gas al agua y la tierra, la instalación de miles y miles de bombas para extraer el agua subterránea y elevar el nivel de los ríos, el desarrollo de pastos y cultivos nuevos, la crianza de millones de ovejas, vacunos y camélidos en el Altiplano, la producción de carne, leche y lana, nuevas especies de papa, trigo, cebada resistentes a las heladas, inmensas plantaciones de quinua, la conquista del frío y la dominación de la altura y el cambio climático, constituyen la obra que debe ganar la imaginación de los bolivianos e inscribirse entre las grandes realizaciones históricas de Bolivia.

FUNDACIÓN GRAN MARISCAL DE AYACUCHO DIRECTORIO
Documento emitido el 22 de marzo de 2011, Día Internacional del Agua