RAÍCES Y ANTENAS

Confesiones secretas de un profe

Confesiones secretas de un profe

Gonzalo Chávez A..- Termina el semestre en la mayoría de las universidades de Bolivia. Esta es, probablemente, la época más difícil del año para los profesores, como es el caso de su humilde escribidor de domingo. Es la hora de corregir exámenes y calificar, a veces, centenas de pruebas. Queda atrás el trabajo en aula donde se han tomado controles de lecturas, se hicieron presentaciones y se armaron debates que también ayudaron a evaluar a los estudiantes.
Enseñar es un placer y un enorme reto para la emoción, con razón dicen las malas lenguas que los profesores somos actores frustrados. El aula es un palco donde intentamos dejar parte de la vida representando las ideas e instrumentos ajenos y propios. Cada día es una obra teatral diferente pero para un mismo público. El desafío es mayúsculo. La calificación del alumno es el acto final, pero, no el más importante. Entonces, ¿de qué dependen unos buenos resultados cuantitativos y cualitativos de un semestre de clases? Ensayaré algunas respuestas desde el campo de mi especialidad, la economía y algo de administración.
La enseñanza-aprendizaje puede ser vista en el marco conceptual de la oferta y la demanda. Para que funcione el acto pedagógico, ambas curvas deben encontrarse en un equilibrio sostenible. Pero en vez de precio, en el eje vertical del gráfico clásico del mercado, imaginemos, valor social y en el eje horizontal, cantidad de esfuerzo y creatividad de profesores y alumnos.
La oferta de un servicio educativo, en concreto una clase por ejemplo, depende de una función de producción, es decir de la manera en que interactuará el capital humano, (el catedrático), con los otros factores de producción como la infraestructura (tamaño y calidad de las aulas, bibliotecas, laboratorios, internet) y el equipamiento (libros, plataformas virtuales, tipo de pizarras, retroproyectoras y tubos de ensayo). También es muy relevante la tecnología que se utilizará, por ejemplo las aplicaciones de las tecnologías de la información antes, durante y después de las clases. Una buena clase no es apenas la hora y medio de contacto entre profesor y alumnos. En realidad, la calidad del servicios educativo también depende una enorme cadena de valor que va desde el reclutamiento e inducción del profesor a la misión, los valores y cultura académica de la universidad, pasando por la elaboración del syllabus en base a contenidos mínimos y benchmarking nacional e internacional, hasta la evaluación tanto de los alumnos como de los profesores. Ahora bien, ¿Cómo se define un buen syllabus? Obviamente por su contenido, el uso de libros y material pertinente y actualizado.
En esta función de producción, la calidad y la formación del capital humano es central. Talento, formación adecuada, pero sobre todo, mucho trabajo de preparación son las sabias del éxito en aula. Por supuesto que los servicios de apoyo de bibliotecas, administración eficiente, espacios de trabajo adecuados y otros servicios de apoyo son también relevantes.
Pero la dialéctica enseñanza-aprendizaje es como un tango, solo se baila bien si hay acompañamiento de la demanda , es decir, si los alumnos están bien preparados y dispuestos a ser actores activos de su educación. Mis más de 20 años de profesor me permiten establecer las condiciones de un alumno exitoso. Por supuesto, que la formación previa, la del colegio es muy importante, no tanto en los conocimientos específicos, sino más bien, en la capacidad de lectura y concentración, en los hábitos de trabajo y los grados de compromiso, pero tal vez, lo más importante en la actitud de estudiante, que mínimamente deber ser abierta, emprendedora y crítica frente a los conocimientos. Ayuda mucho también un grado de enraizamiento con el entorno político, social cultural y económico. Además, la motivación será el centro que equilibre la inteligencia emocional del estudiante, pero, por supuesto nada de lo anterior es suficiente si no hay una enorme predisposición al trabajo duro. Un equipo de bueno de alumnos debe dormir máximo cuatro horas al día, por lo menos de lunes a viernes. Debe hacer suya la consigna de Nietzsche que decía que para dormir tendremos la muerte.
Cuando la enseñanza-aprendizaje forman el yin y yang del acto académico, el saber creativo despliega sus alas y el acto de calificar se vuelve apenas un paso mas del proceso educativo y no un fin en si mismo. Aquí no pretendo dar recetas, apenas es un testimonio de simple profesor de economía que esta en la cancha a varios años y que también codena el acto abusivo y prepotente de los países que bloquearon al Presidente.