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Bolivianos ingratos (III y final)

Bolivianos ingratos (III y final)

Juan José Toro Montoya.- El problema de Potosí no es el escaño que perdió con los resultados del malhadado censo de 2012, ni siquiera los cuatro que le recortaron como consecuencia del de 2001.
El problema de Potosí es que hace buenos años que pierde habitantes debido a que estos no encuentran futuro, y menos un presente, en tierras áridas y semiestériles como las del norte de su territorio.
El problema de Potosí es que su economía está centrada en la minería. Tanto dieron el Cerro Rico y otros yacimientos como el norteno Juan del Valle que ninguna autoridad se detuvo a planificar un futuro alejado de la extracción de minerales.
Y el problema de Potosí es que sus hermanos del interior del país no miden la dimensión que tuvo su aporte a la construcción de la Patria.
Una verdad de Perogrullo es que Bolivia no hubiera existido sin Potosí. El yacimiento de plata del Cerro Rico, que se explota sin pausas desde 1545, fue el motivo para la creación de la Real Audiencia y Cancillería Real de la Plata de los Charcas sobre cuya base decimonónica se fundó este país. Tanta fue su importancia, no sólo para lo que hoy es Bolivia sino para el mundo entero, que Mariano Baptista Gumucio no duda en hablar de una "era potosina" universal en los siglos XVII y XVIII. "El florecimiento del capitalismo europeo no habría sido posible sin la plata potosina", agrega.
Pero, si Potosí llegó a ser el centro del mundo, ¿cómo es que ahora se debate en la pobreza? La respuesta es una sola: Despojo.
Desde que los españoles tomaron posesión del Cerro Rico, el 1 de abril de 1545, Potosí fue despojado de su riqueza. España sacó miles de toneladas del cerro y, a cambio, sólo dejó una pobre herencia cultural de la que ahora sólo se preocupa con miserables parchecitos.
Las cosas no cambiaron con la independencia. Encabezados por Juan Martín de Pueyrredón y O'Dogan, los argentinos se llevaron 400 mulas cargadas de plata, comportándose como el peor de los ladrones, y, cuando llegó el ejército colombiano que estaba a cargo de Antonio José de Sucre, se dispuso que todos sus gastos se paguen con dinero potosino. Tras la creación de Bolivia, los sueldos de las prefecturas también fueron cubiertos con la plata del Cerro Rico. Ferrocarril y caminos... todo lo que se hizo después se cubrió con recursos de Potosí.
Entonces, no es exagerado decir que Potosí mantuvo a Bolivia y ahora que no puede afrontar una situación de pobreza que expulsa habitantes de su área rural, lo más justo es que Bolivia le apoye.
¿Y cómo lo va a hacer? No es cuestión de escaños, ni siquiera de asignación de mayores recursos.
Potosí tiene riquezas pero no se beneficia de ellas. Mientras Santa Cruz percibe el 11 por ciento por concepto de regalías del petróleo, Potosí recibe un promedio del 4 por ciento por sus minerales.
Lo que Potosí necesita no es más escaños sino una adecuada distribución de las recaudaciones nacionales que, en el caso de la minería, ameritaría un código o ley minera que beneficie a la región, no a los cooperativistas que son los que ahora explotan el Cerro Rico sin una adecuada compensación.
El problema de Potosí es que los cooperativistas son aliados del Gobierno y la ley minera se está redactando a su antojo.