Jueves, 20 de febrero de 2014
 

SURAZO

Don Joaquín y la degradación del cholo

Don Joaquín y la degradación del cholo

Juan José Toro Montoya.- En el libro “Dos ramas del mismo tronco”, Gonzalo Gantier Gantier revela que su padre, Don Joaquín, no utilizó como materno el apellido de su madre, Fortunata Rodríguez, sino el de la mujer que lo crió, María Valda.
Para quienes idealizaron la figura del custodio de la Casa de la Libertad, el secreto debió caer mal. Todavía hoy, con el siglo XXI ya bien recorrido, se considera al cambio de apellido como una acción indigna aunque, como se vio en el anterior artículo, esta es una práctica corriente desde el inicio mismo de la conquista de América.
¿Cuál fue la razón por la que Joaquín Gantier ocultó su origen? Fortunata Rodríguez era chola, mestiza, mujer de pollera de Siporo, un pueblito que aún hoy es ignoto y forma parte de la jurisdicción municipal de Betanzos, en la provincia Cornelio Saavedra de Potosí.
Pero es que en la Sucre que a Don Joaquín le tocó vivir no había términos medios. O eras blanco o eras indio. Y en medio de una sociedad cuyo racismo todavía no se termina de entender –menos después de los sucesos del 24 de mayo de 2008–, ser indio era poco menos que suicida así que el historiador eligió el mal menor.
¿Y qué tan culpable habrá sido Sucre en esa decisión? Habrá que recordar que la cuestión de la capitalidad alcanzó su punto más alto en la guerra civil boliviana. José Manuel Pando y Severo Fernández Alonso combatían, aquel por llevarse la capital a La Paz y este por mantenerla en Sucre. Angustiadas, las familias sucrenses decidieron jugarse el todo por el todo y mandaron a sus hijos a engrosar las filas constitucionalistas. Las tropas de Alonso fueron derrotadas en Cosmini, el 24 de enero de 1899, por un ejército federal que se había reforzado con los centenares de indios que seguían a Pablo Zárate, el temible Willka. Los heridos se refugiaron en Ayo Ayo y hasta invocaron derecho de asilo encerrándose en el templo del pueblo. Alcoholizados, los hombres de Zárate tomaron el templo por asalto, degollaron a los refugiados, incluido el párroco, y devolvieron a los sucrenses a Sucre pero en pedazos. Es difícil imaginarse la reacción de los capitalinos al recibir en saquillos los miembros de sus hijos. ¿Habrá sido este episodio histórico el que exacerbó el odio de los sucrenses a los indios y a todo lo que esté relacionado con ellos, es decir, también los mestizos?
Sin embargo, los racistas suelen olvidar que el mestizaje no es el resultado de una raza sino de por lo menos dos así que no se lo puede atribuir simplemente al indio.
Al igual que todos los países comprendidos entre la Patagonia y el Río Grande, Bolivia es un país mestizo porque es el resultado de una fusión de culturas que comenzó con la conquista.
Los historiadores pro hispánicos dicen que el mestizaje surgió por “la falta de mujeres españolas en los primeros tiempos de la conquista” pero las crónicas lo desmienten. Entre la chusma que escapó de España para tentar fortuna en América estaban mujeres como Isabel Rodríguez, Inés Muñoz e Inés Calderón. El mismísimo Francisco Pizarro, el porquerizo al que los cuzqueños llamaron “Apu”, tuvo hijos con al menos dos princesas incaicas.
De las inevitables uniones de seres humanos, los de allá y los de acá, nacieron hijos mestizos, aquellos que, años después, recibirían el denominativo de cholos.
Y Don Joaquín Gantier sabía muy bien de dónde surgió el adjetivo.