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¿ES O NO ES VERDAD?
El más o menos o la excelencia
El más o menos o la excelencia
José Gramunt de Moragas, S.J.
Hace años, participé de una reunión presidida por una autoridad, cuyo nombre y oficio evitaré declarar. Nos presentó un proyecto de real importancia. Pero cuando se le pedían mayores precisiones, la respuesta solía ir matizada con unos imprecisos más o menos. Total que salí de la reunión más o menos, más que menos, confuso. Lo que me hizo recordar aquello tan estúpido de que si puedes hacer mal una cosa, por qué hacerla bien. O la otra, si puedes llegar tarde a una cita por qué ser puntual.
Éstas y otras formas de tergiversar lo que está o debería ser correcto, están en el polo opuesto de la disciplina del trabajo bien hecho o de la obra bien acabada.
No obstante, la triste realidad es que el regular y ordenado buen comportamiento no es la virtud que más brilla en una parte de la gente. Me refiero particularmente a la administración pública, especialmente en los regímenes autoritarios y populistas.
La experiencia nos ha enseñado que el común de los ciudadanos que tienen que recurrir a ciertas oficinas públicas, tendrá que soportar el vuelva mañana o faltan las firmas y los sellos de tales o cuales jefes, o traiga el certificado de Derechos Reales o el certificado de que su documento de identidad vigente es válido
, y así sucesivamente.
Lo que ocurre es que, además de la irracionalidad de los sistemas de gestión de la administración, o son anticuados, o son laberínticos y caprichosos y contradictorios. A esto se añade que la mayoría de los funcionarios encargados de la gestión del patrimonio público, han sido reclutados por sus méritos políticos, no por su idoneidad y competencia.
El ejemplo más notorio fueron las elecciones directas para los cargos del Órgano Judicial. La filiación al partido gobernante se impuso a los méritos profesionales. De ahí las monstruosidades judiciales que han adornado la panoplia de los tribunales de Justicia.
A fuerza de la repetición uno acaba por conformarse con lo que hay. Y lo que hay no es precisamente ni eficiencia ni excelencia, que harían progresar, sino todo lo contrario, es decir, la dejadez, el adocenamiento, el retroceso.
Así llegamos a la conclusión de que, en una sociedad saturada de ineptos y perezosos, triunfan los oportunistas, los vivillos, los trepas, vocablo este último, no exactamente muy académico, pero que fue consagrado nada menos que por el papa Francisco en su homilía del pasado 5 de mayo, durante la misa celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta, donde él vive. Y que los trepas hagan alpinismo que es muy sano, y no aprovechen a la Iglesia para su lucro personal, dijo el papa Francisco.
¡Ni la Real Academia Española de la Lengua Castellana, pudo haber dado al vocablo trepa, mayor lustre, brillo y esplendor!
En fin, las cosas hay que tomarlas más o menos como vienen, ya que el espíritu de excelencia no es el que abunda, lo cual deja el camino abierto a los vivillos y a los trepas.
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