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EDITORIAL
Erráticas políticas alimenticias
Erráticas políticas alimenticias
Felizmente la sensatez parece haberse impuesto en las filas gubernamentales y la decisión anunciada ha quedado sin efecto, aunque persiste la amenaza
Una vez más el Gobierno nacional ha dado durante los últimos días muy peligrosas muestras de confusión e improvisación en su manera de abordar los múltiples problemas relacionados con la producción y comercialización de alimentos en nuestro país. Esta vez ha sido el abastecimiento de carne y su afán de controlar los precios de este producto el tema alrededor del que una serie de contradicciones han diseminado la confusión entre productores, consumidores y todos quienes de una u otra manera intervienen en la cadena que une a unos y otros.
El telón de fondo de este problema es la profunda crisis que afecta al sector como consecuencia de las cuantiosas pérdidas ocasionadas por las inundaciones de los meses pasados que ocasionaron la pérdida de aproximadamente 500.000 cabezas de ganado, lo que como no podía ser de otra manera ha provocado muy graves dificultades al normal abastecimiento de tan importante artículo de la canasta familiar.
Ante ello, y después de haberse negado sistemáticamente a adoptar las medidas de emergencia que el caso aconsejaba, el Gobierno ha ensayado una serie de propuestas que van desde la oferta de estímulos a los ganaderos no sólo para que recuperen la capacidad productiva perdida sino para que la multipliquen para destinar gran parte de ella a la exportación, hasta la más reciente que consiste en hacer inversiones también cuantiosas pero más bien para estimular la importación masiva de ese producto.
Tal contradicción, de por sí motivo de gran confusión, se ha visto agravada por la presión de intermediarios que intervienen en las distintas etapas de la comercialización. Y como es evidente que entre los intereses de productores, comercializadores y consumidores no hay coincidencia sino muchas contradicciones, las mismas que en un período electoral como el que ya está en curso adquieren además una connotación política que interfiere con la racionalidad económica, se han reunido todos los ingredientes para agravar la complejidad del problema.
A las circunstancias actuales se suman como un factor perturbador los pésimos antecedentes acumulados durante experiencias similares en tiempos no muy lejanos. En efecto, la intención anunciada por la ministra de Desarrollo Productivo y Economía Plural de poner en manos de la gubernamental de poner en manos de la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (EMPA) la importación de carne y su comercialización de inmediato trajo a la memoria las pésimas experiencias pasadas con motivo de la escasez de azúcar, arroz y otros productos alimenticios.
Felizmente, y aunque el daño tras varios días de incertidumbre ya está hecho, la sensatez parece haberse impuesto en las filas gubernamentales y la decisión anunciada ha quedado sin efecto. Se trata, sin embargo, de una solución muy parcial pues, por un lado, la solución ha venido sólo por la intervención de los primeros mandatarios; por el otro, la intención de poner en vigencia una serie de instrumentos legales para restringir la labor de los productores ganaderos se mantiene vigente. Y ese sólo riesgo es, como lo enseña la experiencia, suficiente para desalentar las inversiones que con tanta urgencia requiere el sector.
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