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EDITORIAL
El Mensaje Presidencial
El Mensaje Presidencial
Aunque deslucido por cierto tono proselitista, el mensaje presidencial volvió a tener en la bonanza económica su pilar principal
Una vez más, como ya es habitual desde que la fecha del inicio de cada gestión gubernamental fue trasladada al 22 de enero en sustitución del 6 de agosto, el mensaje que el presidente Evo Morales dirigió al país con motivo de la celebración del 189 aniversario de la fundación de nuestra República fue una extraña mezcla de informe con declaración de buenas intenciones.
Extraña mezcla, decimos, porque lo habitual en ceremonias como la que tuvo lugar el pasado miércoles en Sucre es que el mensaje presidencial sea un informe a la nación sobre los resultados de los doce meses anteriores de su gestión gubernamental. En esta ocasión, a la ya habitual confusión entre informe y plan de gobierno se ha sumado el ambiente electoral que ya ha impregnado prácticamente toda la labor gubernamental con un inocultable sello proselitista.
En la parte que puede considerarse como un informe, el discurso presidencial se centró en la bonanza por la que atraviesa la economía nacional expresada, según palabras presidenciales, en el crecimiento de los créditos y depósitos en la banca, el crecimiento del Producto Interno Bruto, los sucesivos incrementos salariales de los últimos años, entre otros indicadores.
En medio de abundantes cifras que fueron expuestas para dar cuenta de la buena racha por la que está atravesando la economía nacional, hubo un dato que por contraste merece ser destacado. Es que en lo que podría interpretarse como una severa evaluación autocrítica, Morales expresó su preocupación por la posibilidad de que por primera vez en muchos años la actual gestión termine con un déficit fiscal. Alarmante perspectiva si se considera que, precisamente por las buenas cifras expuestas, resulta inadmisible tan mal saldo final. Más aún si, como lo reconoció el Primer Mandatario, tal extremo sería directa consecuencia de la excesiva prodigalidad con que gastaron varias decenas de millones de dólares en la organización de la Cumbre del G-77+China.
El segundo elemento del mensaje presidencial fue, como también ya ocurrió en ocasiones anteriores, una especie de plan de gobierno proyectado hacia el mediano plazo y largo. No se fijaron metas concretas e inmediatas, sino deseos proyectados hacia el 2025. Con la agravante, en este caso, de que todas las propuestas que con algo de amplitud podrían recibirse como una invitación a la construcción colectiva de una agenda nacional resultaron opacadas por la forma de campaña proselitista con que fueron expuestas.
De cualquier modo, y más allá de las eventuales discrepancias, lo cierto es que el Presidente Morales confirmó sus habilidades comunicacionales.
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