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BARLAMENTOS
Lamentos de apariencias sobre la Madre Tierra
Lamentos de apariencias sobre la Madre Tierra
Winston Estremadoiro.- No vayan a pensar que uniré mi prosa a la chorrera de loas a la Madre Patria en el día de su efeméride.
Cómo, si me acongoja la triste historia de un país que ha rifado más de la mitad de la heredad territorial con que nació en 1825. Si en el cónclave fundacional de Chuquisaca no hubo representación de Moxos, hoy Beni. Menos del inmenso hinterland amazónico hasta la mitad del curso del río Madera, que en 1867 se regalaría a Brasil. Tampoco del hoy estado brasileño de Acre, vendido en 1903 por 300.000 libras esterlinas más un tren que llamaron de la muerte. Los recursos del puente sobre el río Madera entre Guajará Mirim y Guayaramerín, y los 90 kilómetros entre esta última y Riberalta, se fueron en 1958 al tren de los contrabandistas entre Corumbá y Santa Cruz. Ni hablar de las manchas negras que enlutan mi libreta de servicio militar (pónganse verdes de envidia los vetados de ser congresistas por no tenerla), del Chaco Central, hoy argentino, y el Chaco Boreal, hoy paraguayo. Era potosino el Litoral; luego la décima estrella de nuestro escudo se convirtió en un departamento perdido en 1879.
Para qué llorar sobre la leche derramada. Hoy hilo ovillos más finos, no por eso menos ominosos. Tienen que ver con apariencias que el Gobierno actual persiste en embutir al imaginario boliviano. Por ejemplo, arrecian titulares de su convocatoria a defender derechos de la Madre Tierra. Ya lo había hecho antes. En uno de sus viajes, afirmó que es necesario reforzar la agricultura familiar, campesina y comunitaria. Mi sardonia acota: ¿será con regalos de tractores para cultivar surco-fundos? Añadió que se debe dar prioridad a lo que producimos localmente (ya no será necesario importar harina de trigo). A su el comercio internacional debe ser un complemento de la producción local, añado que dejemos de exportar gas y minerales, y veremos si alcanza para satélites con sobreprecio.
Enhebren el espejismo de que Evo Morales es adalid de la Pachamama, con el daño ambiental de los derrames mineros en cursos de agua que desfogan en el río Pilcomayo. Hasta Argentina y Paraguay, que comparten la cuenca platense del río, manifestaron su preocupación. El Gobierno se apuró en declarar que un estudio oficial concluyó que las colas y el contaminante (de la mina Santiago Apóstol, cercana a afluentes del Pilcomayo) no alcanzaron las aguas del río.
La realidad es otra. De las 450 cooperativas y empresas mineras potosinas, el 80 por ciento no tiene licencia ambiental y funciona ilegalmente. ¿Era mentira el estudio independiente de la Comibol, según el cual las empresas mineras que desechan sus aguas podridas a afluentes del Pilcomayo, causan un alto nivel de contaminación? Se perjudican tres departamentos del sur Potosí, Chuquisaca y Tarija infectados por residuos de plomo, plata y zinc.
Lo peor es para los que se llenan la boca con los originarios. Las empresas mineras botan sus residuos tóxicos a la cuenca de ríos vecinos, el agua envenenada es usada por los campesinos para regar sus cultivos de haba, papa, cebada y trigo, que luego venden en las ferias del lugar. No son afectados solo los indígenas chaqueños Weenhayek, que viven de la pesca y cuyos sábalos contaminados se comen en casi toda Bolivia.
¿Es doble moral, es doble discurso, es hipocresía? Qué importa. Pero por lo dicho, no creo que los tiempos de confrontación hayan pasado, dando paso a una era de conciliación, como discursea Evo Morales. Es puro electoralismo populachero. Sospecho que si obtiene una arrolladora mayoría congresal en octubre, volvería a las andadas de ordenar a su corte de levantamanos para hacer de la República de Bolivia un mamarracho de apariencias.
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