Lunes, 8 de septiembre de 2014
 

[email protected]

¿Cómo votamos l@s bolivian@s?

¿Cómo votamos [email protected] [email protected]?

Arturo Yáñez Cortes.- Las elecciones se acercan y [email protected] [email protected] debemos decidir a quién le entregaremos nuestro voto; incluso, según las últimas encuestas que han podido ser conocidas, existiría aproximadamente 35% de indecisos y el restante ya habría definido su voto o, al menos eso le dijeron al encuestador.
Pues bien, aunque ROTHFUSS sostiene que: “Las preguntas que no podemos contestar son las que más nos enseñan”, tengo a bien osar preguntar: ¿Cómo decidimos [email protected] [email protected] nuestro voto? Me refiero principalmente al ciudadano común que no lo hace para conservar la pega ni anhela conseguir del estado alguna, no está obligado por disciplina sindikhatera a votar por el jefazo que se compró el sindicato o lo tiene cooptado o alguna otra distorsión similar, nada digna por cierto.
Es decir con base a qué cuestiones, intereses, razonamientos, prejuicios, temores –algún fulano incluso amenaza con chicotazo si no se vota por su jefazo, mientras el “Tribunal” Electoral: “bien gracias” a continuar su vergonzoso llunkherio- u otras consideraciones que hacen que nos inclinemos para [email protected] u [email protected] [email protected]
Los que han escrito e investigado sobre esas motivaciones enseñan diversos criterios. Por ejemplo: que el voto expresa antipatía o simpatía hacia determinado candidato, agrupación partidaria y en el mejor de los casos, hacia su programa electoral; que termina motivado por diferentes factores y motivaciones históricas y circunstanciales, que se manifiestan, concretan y depositan en la urna; que se trata de un acto cargado de significados culturales que refleja en su orientación costumbres, hábitos, preferencias, filias y fobias políticas y hasta personales.
Casi todos están de acuerdo que el voto es resultado de un proceso sociocultural y político, que refleja el pasado, presente y futuro del votante y, todos prácticamente en que confluyen distintos factores que inciden en la motivación y orientación del voto.
Analizando de mi parte el accionar de todos los bandos, piense por ejemplo el lector, en el candidato presidente inconstitucional sponsoreado por el mismísimo TCP que no pudo siquiera realizar la más elemental operación aritmética (2+1); el descarado e insultante uso en favor de la campaña oficialista de nuestros recursos públicos en las barbas de los “árbitros” (están peor que los de la Liga… torcidos en favor del equipo “grande”); los hipócritas discursos en contra de la violencia de género que critican al jefazo del bando contrario y se hacen a los sordos, mudos y ciegos cuando se trata del suyo; el dueño de la empresa y partido que creyéndose también de la vida, honra y bienes de sus empleados amenaza confinar a quien pone en apuros legales a su compadre (abogados abstenerse con sus h…); el ex delfín del dictador; los pasa-pasas con banda de un extremo al otro y viceversa y así sucesivamente; el servil del oficialismo que –como ya no les sirve a sus ex amos- ahora se las da de opositor y así sucesivamente, toda una serie de dislates cotidianos; sostengo que al boliviano medio no le queda más remedio que votar por quien considera es el menor de los males, el menos corrupto, el menos arbitrario o el menos hipócrita de toda esa fauna, pues fuera muy pero muy difícil con esas prácticas tomar como líder a alguno, sí reparamos que ello implica mínimamente seguir un buen ejemplo. El problema es que como ya alertaba PLATON hace varios siglos: "Quien se cree inteligente por no participar en política, debe entonces resignarse para ser gobernado por imbéciles"…