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EDITORIAL
32 años de fértil vida democrática
32 años de fértil vida democrática
Ahora, cuando estamos a pocas horas de un nuevo acto electoral, corresponde renovar nuestro compromiso con los valores democráticos
La fecha de hoy, 10 de Octubre, es una de las más importantes del calendario cívico nacional. Y aunque no suele dársele la importancia que merece, es bueno mantenerla viva en la memoria colectiva porque marcó uno de los más importantes hitos de nuestra historia republicana. Ese día se clausuraba toda una época histórica y se inauguraba otra muy diferente, la que hoy llega a sus 32 años de vigencia ininterrumpida.
Este año la conmemoración de esa fecha coincide con las vísperas de un nuevo acto electoral. Por octava vez en algo más de tres décadas, los hombres y mujeres de los más diversos sectores sociales concurriremos a las urnas para elegir a quienes nos gobernarán y nos representarán durante los próximos cinco años.
32 años de ejercicio ininterrumpido de la democracia el período más largo de nuestra historia republicana es de por sí algo digno de conmemoración porque es el más fiel reflejo de la firmeza y la perseverancia con que toda una sociedad ha decidido sujetar sus actos a los límites que imponen las instituciones, las leyes y las normas inherentes a la convivencia democrática.
Para llegar a la situación actual, cuando felizmente podemos conmemorar con orgullo no sólo la preservación sino la vitalidad y fortaleza de nuestro sistema democrático, ha sido necesario superar muchos escollos y vencer grandes desafíos. Uno de los más importantes y dificultosos fue desplazar a quienes de uno a otro extremo del espectro político consideraban y en algunos casos todavía consideran que las vías de hecho son la mejor manera de dirimir las naturales disputas propias de toda sociedad e imponer mediante la violencia sus propios proyectos políticos o impedir que se apliquen los ajenos.
Felizmente, quienes todavía añoran los tiempos cuando las disputas por el poder político dirimían en los cuarteles y a través de las armas, hoy forman corrientes tan marginales que poco o nada pueden hacer para devolver a los militares la influencia que tuvieron en otros tiempos.
Tan o más importante que lo anterior es que a pesar de sus muchas imperfecciones, nuestra democracia llega a sus 32 años de vigencia con más virtudes que defectos. Y aunque las imperfecciones son todavía muchas, y en más de una ocasión hemos estado a punto de recaer en la tentación de ensayar fórmulas incompatibles con la institucionalidad democrática, es indudable que el balance final es por demás positivo.
Ahora, cuando estamos a pocas horas de escribir entre todos un capítulo más de la historia que empezó a escribirse el 10 de octubre de 1982, corresponde que todos, pasando por encima de las divergencias políticas o ideológicas, recordemos que nunca fue fácil mantener viva la democracia y es nuestra obligación actual preservar el legado de quienes entre aciertos y errores hicieron y todavía hacen posible que toda Bolivia pueda estar orgullosa de su democracia.
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