|
EDITORIAL
Potosí, hoy como hace 204 años
Potosí, hoy como hace 204 años
Para salir del círculo vicioso entre la riqueza de su suelo y la pobreza de sus habitantes, es urgente que en Potosí se produzca un radical cambio de actitud
Ayer, 10 de noviembre, Potosí ha conmemorado su efeméride cívica en recordación de la insurrección que hace 204 años, en 1810, protagonizaran los vecinos de esa ciudad para sumarse al movimiento que desde Buenos Aires proclamaba la ruptura de los vínculos que hasta entonces los unían al Virreinato de Lima.
Y como todos los años, las celebraciones potosinas han vuelto a estar marcadas por una relación traumática que históricamente tiene ese departamento con el resto del país. Una relación marcada por la insatisfacción que siente el pueblo potosino por su doble condición de poseedor de una de las más fabulosas fuentes de riqueza y, al mismo tiempo, no poder superar pese al transcurso de los años muchos de los peores rasgos de la pobreza.
No es casual por eso que en las recientes celebraciones, hayan vuelto a aflorar todos los sentimientos encontrados que produce la paradójica relación entre pobreza y riqueza que ese departamento ha tenido que padecer a lo largo de su historia.
Tan traumática y conflictiva fue desde sus orígenes esa relación entre riqueza y pobreza que siempre fue difícil distinguir los límites entre lo que es historia y lo que es fábula, entre la realidad y la leyenda. Y aun hoy, cuando ya no se trata de pensar en el pasado sino en el presente y futuro de Potosí y por consiguiente de nuestro país, tales elementos se mantienen tan confusos como durante los últimos cinco siglos, tanto, que las riquezas minerales de Potosí principalmente el litio y el uranio se prestan a tan fabulosas especulaciones como las que hicieron perder la cordura a muchos de quienes sucumbieron ante el brillo de la plata.
Felizmente, y aunque tal vez no en la medida ni con la velocidad que sería de desear, durante los últimos años ha habido algunos importantes avances y muchas de las más antiguas demandas de Potosí han sido satisfechas o están en vías de serlo. Grandes pasos se han dado hacia la integración caminera entre las diferentes provincias de ese departamento y con el resto del país, Uyuni ha recibido un enorme impulso como principal atractivo turístico de nuestro país y se ha puesto en funcionamiento la planta de Karachipampa, entre otras de las más sentidas demandas potosinas.
Hay otras, en cambio, que permanecen en un penoso olvido. Entre ellas, la peor es la relativa a la urgente necesidad de detener el deterioro del Cerro Rico que amenaza con desmoronarse sobre la ciudad. La contaminación ocasionada por la actividad minera, que está causando gravísimos daños a la agricultura y a la salud de sus habitantes a través del envenenamiento de sus ríos con desechos mineros es también un asunto que no recibe la atención que merece.
Sin embargo, y para salir definitivamente del paradójico círculo vicioso que tiene casi paralizado a Potosí entre la riqueza de su suelo y la pobreza de sus habitantes, es urgente que se produzca un radical cambio de actitud y mentalidad de modo que, al reconciliarse con su pasado y recuperar la fe en el porvenir, el pueblo potosino sea el verdadero protagonista de la construcción de mejores días.
|