Viernes, 12 de diciembre de 2014
 

BARLAMENTOS

El jilacata de los ‘condis’

El jilacata de los ‘condis’

Winston Estremadoiro.- Abrigo la convicción de que la palabra escrita persiste y que los homenajes a las personas deben hacerse en vida. Decía un pariente mío recordando a Unamuno, creo, que la escritura tiene origen oscuro y cumplimiento obligatorio. Hoy amanecí con impulsos de bosquejar algunas viñetas agridulces sobre un amigo, condiscípulo y personaje boliviano que lo merece.
Fernando Peña Gómez es un amigo cuyo camino se cruzó con el mío en las vísperas, decimos en mi tierra, tal vez refiriéndonos a que en la carrera de la vida todos llegaremos a la meta de la muerte. Estudió en México y es connotado cirujano plástico, el primero de la especialidad en Bolivia. No estaba de moda mejorar la apariencia física o recuperar la juventud perdida mediante la reconstrucción estética, así que con la ayuda generosa de un colega, tuvo que ir al Beni y por dos años ganarse el sustento reparando labios leporinos y curando quemaduras de lampiones que prendían fuego a los mosquiteros, recuerda. Años después, su práctica médica estuvo, y todavía está, salpicada de cirugías en que su generosidad se manifiesta en no cobrar un peso. Alguna vez le llamé por teléfono fingiendo la voz e interesado en una naricita respingada; me reconoció al tiro y espetó que ya había desinflado la vanidad de otro compañero de curso de nariz prominente, diciéndole que no tenía dinamita para tal reconstrucción.
En tiempos en que éramos más ágiles y pateábamos la pelota o la rebotábamos para ensartarla en un aro, Nano Peña fue destacado futbolista y basquetbolista. Porque ser infatigable es uno de los muchos atributos que le adornan. Quizá por desidioso, me contengo de listar a manera de ave maría su diligente activismo en entidades como el Club Social, el Automóvil Club, la Fraternidad Los Trece; para no hablar, y tal vez abochornar a un hombre sencillo, si menciono su participación en grupos gremiales, como los Colegios Médicos y sociedades de cirujanos embellecedores y restauradores en la práctica médica.
Sin embargo, sueño que unos miles de servidores públicos como Nano Peña cambiarían de verdad esta Bolivia corroída por el arribismo y la corrupción. Al doctor Peña, así le conocen, en función de Concejal Municipal por seis años y presidente de la Unidad Gestora, se le debe mucho del nuevo Hospital Viedma, hoy cada vez más atestado. Al doctor Peña, en función de Director Ejecutivo del Instituto Nacional de Seguros de Salud, se le debe la formación de 160 médicos auditores que hasta entonces no había en el país. Al doctor Peña se le deben las normas de diagnóstico y tratamiento de todas las especialidades médicas en el país, que después han sido extendidas a hospitales dependientes del Ministerio de Salud. Estoy seguro que sus 30 años de servicio en la Caja Petrolera de Salud coincidieron con una edad dorada de esa institución.
Persona sensible, alardea ser un cochabambino de corazón. Pero es en su rasgo de cultor de la amistad que mi amigo me toca el corazón. Seguro estoy de no ser el único de sus allegados que comparte ese sentimiento. Es tolerante con los apóstoles de Baco, ahora que no comparte bebidas espirituosas. Por su refinado gusto continúa siendo un sibarita en toda la gama gastronómica de la palabra. Desde nuestras Bodas de Oro, mi amigo se ha convertido en el alma de una iniciativa hermosa, aunque saudosa tal vez: juntar a algunos condiscípulos con los que compartimos aulas en el Colegio La Salle. Ya son varios años de gozar con alguna frecuencia de veladas inolvidables de risas, chuscas, trago y comida. Hasta tenemos una sucursal de entusiastas condiscípulos residentes en Santa Cruz de la Sierra.
Una de mis dos hijas, la de los dos pies firmes en la tierra, abrevió el nombre del grupo a los ‘condis’, que no es alarde de un título nobiliario en pronunciación ‘oregenaria’, sino una manera de referirse a tan variopinto conglomerado de entusiastas viejitos: nosotros. Y Nano Peña es el jilacata de los ‘condis’. Que Dios le bendiga.