S�bado, 3 de enero de 2015
 

EDITORIAL

Cuba, 55 a�os despu�s

Cuba, 55 a�os despu�s



El nuevo aniversario de la revoluci�n cubana marca el fin de una era y el inicio de otra. Es de esperar que aunque lenta, la transici�n no deje de ser pac�fica

El 1 de enero pasado, como todos los a�os desde 1959, en Cuba se record� un aniversario m�s del triunfo de la revoluci�n, cuando hace 55 a�os, al amanecer del a�o nuevo, las tropas encabezadas por Fidel Castro asumieron el poder pol�tico de la isla e iniciaron un proceso que a�n no ha llegado a su culminaci�n.
Este aniversario fue muy diferente a todos los dem�s. Es que, puesto que el r�gimen socialista se esmer� durante m�s de cinco d�cadas para dar al 1 de enero una fuerte carga simb�lica, fue inevitable que la conmemoraci�n de esta fecha fuera vista como la �ltima de una �poca y la primera de otra que est� inici�ndose.
De nada valieron los esfuerzos que hizo la c�pula militar que gobierna la isla bajo el mando de Ra�l Castro para evitar que los actos conmemorativos tengan un dejo de nostalgia por los tiempos pasados y de miedo y esperanza por los que est�n por venir. Es que as� como el uniforme militar con que encabez� los actos no fue suficiente para dar algo de verosimilitud a su ret�rica cuartelaria, tampoco alcanzaron sus arengas en defensa del socialismo para disimular el total agotamiento del experimento cubano y de la paciencia de su pueblo.
La nueva ofensiva desatada en d�as pasados contra periodistas independientes, artistas, activistas defensores de los derechos humanos y l�deres que constituyen los n�cleos de la oposici�n democr�tica cubana tampoco fueron suficientes para dar el mensaje de fuerza que quiso dar el r�gimen y mucho menos para reforzar el efecto paralizador del miedo entre quienes consideran que ya no puede seguir posterg�ndose el inicio de un proceso de apertura democr�tica. Lo �nico que ha quedado claro tras la m�s reciente ofensiva de las fuerzas represivas gubernamentales es que ya no hay manera de dar marcha atr�s y que s�lo queda buscar la mejor manera de avanzar hacia el porvenir de la manera menos traum�tica, m�s pac�fica y consensuada que sea posible.
Como suele suceder, la imposibilidad de dar marcha atr�s es algo que desagrada por igual a los sectores m�s radicales del espectro pol�tico dentro y fuera de Cuba. Mientras unos se aferran a la ilusi�n de que la historia vuelva a la noche del 31 de diciembre de 1958, la v�spera del triunfo revolucionario, los otros, con similar obcecaci�n, se niegan a reconocer que ya pasaron definitivamente los tiempos cuando la ret�rica antiimperialista, el culto a la personalidad y las fantas�as ideol�gicas legitimadoras de la ineficiencia y el empobrecimiento colectivo eran suficientes para mantener viva la ilusi�n en un futuro socialista.
Como los hechos lo confirman, ambas posiciones est�n condenadas a quedar al margen del proceso que se ha iniciado en Cuba. Ninguna de ellas tiene el vigor suficiente para impedir la transici�n en ciernes, pero la combinaci�n de sus intransigencias puede causar graves dificultades al ritmo y la forma en que avance el proceso.
Felizmente, y a pesar de los esfuerzos que desde ambos extremos se hacen para sembrar de dificultades el camino, hay suficientes motivos para creer que el proceso ya es irreversible. Y si resulta m�s lento de lo que ser�a de desear, ser� sin duda porque en la escala de prioridades ocupa un lugar principal la forma pac�fica de la transici�n.