Viernes, 9 de enero de 2015
 

EDITORIAL

Charlie Hebdo, entre el miedo y la esperanza

Charlie Hebdo, entre el miedo y la esperanza



Es esperanzadora la vitalidad con que se ha salido en defensa de la libertad, pero no parece suficiente para despejar el miedo ante tan enorme desaf�o

Aunque toda Francia, Europa y gran parte de la sociedad humana todav�a no terminan de salir del estado de aturdimiento colectivo causado por el ataque contra la redacci�n del semanario Charlie Hebdo, en Par�s, durante el que fueron asesinadas 12 personas, entre ellas los cuatro dibujantes de ese medio especializado en la cr�tica sat�rica, poco a poco, a medida que se despejan los efectos del impacto inicial, va tomando forma la imprescindible reflexi�n sobre la real dimensi�n y el trasfondo de los hechos del pasado 7 de enero.
Al generalizado rechazo, por este crimen, al que nos sumamos, se ha presentado una reacci�n esperanzadora alrededor de la defensa de la vida y de la libertad de expresi�n �uno de los pilares b�sicos sobre los que se sostienen todas las dem�s libertades� que han aglutinado todos los sentimientos y razonamientos para cerrar filas en su defensa, y no de las ideas islam�fobas, tan en boga �ltimamente.
A primera vista, puede suponerse que esa casi un�nime reacci�n colectiva es una muestra del fracaso de quienes quieren hacer retroceder a la sociedad humana unos cuantos siglos para volver a los tiempos en los que los dogmas religiosos y sus consecuentes fanatismos eran los que gobernaban sobre los cuerpos y las almas de la sociedad.
Sin embargo, y a pesar de lo importantes que son esas muestras de vitalidad en defensa de la libertad, hay tambi�n motivos para temer que esa reacci�n diste a�n mucho de estar a la altura del desaf�o que ha sido lanzado. Uno de ellos es que, como se puede constatar con s�lo escudri�ar un poco m�s all� de las apariencias, no son pocas las expresiones de defensa de la libertad de expresi�n cuya falta de sinceridad es apenas disimulada pues provienen de corrientes pol�ticas e ideol�gicas que han relegado esos valores a un plano muy secundario.
El asunto adquiere especial importancia en circunstancias como las actuales, pues en Francia, como en toda Europa, los desaf�os y los cuestionamientos a las libertades b�sicas ya no son excepcionales. La intolerancia en todas sus formas est� ganando terreno a grandes pasos, contexto en el que las expresiones m�s radicales �como la que hizo de Charlie Hebdo su blanco escogido� adquieren una peligrosidad mucho mayor.
El riesgo principal es la exacerbaci�n de los nacionalismos, de los fanatismos religiosos, de la xenofobia y de todas las formas de intolerancia. Parad�jicamente, es tan grande el riesgo de que eso ocurra, y tan temibles sus eventuales efectos sobre la vida cotidiana de las personas, que la necesidad de afrontarlo, debatirlo y buscar las mejores maneras de evitarlo est� ya avivando una reflexi�n colectiva proporcional al desaf�o. Y no s�lo en las sociedades m�s directamente amenazadas por el terrorismo, sino tambi�n en el mundo isl�mico donde los cuestionamientos de las corrientes moderadas y proclives al laicismo asumen la cuota de responsabilidad que les corresponde. Si cabe alguna esperanza en ese escenario, es que de ese miedo a la barbarie salgan f�rmulas inspiradas en la defensa de los valores conquistados por siglos de civilizaci�n.