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BARLAMENTOS
Je suis Charlie
Je suis Charlie
Winston Estremadoiro.- Hoy me encanta �Je suis Charlie�, leyenda de negras remeras, carteles y estribillo de caras adustas de multitudinarias manifestaciones con que la mayor�a del mundo rechaz� la incursi�n de extremistas isl�micos a la revista sat�rica Charlie Hebdo en Par�s. Mataron a doce personas: cuatro eran empleados de la revista, otros cuatro los mejores caricaturistas de Francia, dos polic�as, un invitado que quiz� bebi� el caf� m�s caro de su vida, y un empleado de mantenimiento a quien tal vez se le ocurri� trapear el piso en el momento equivocado y a la hora errada. �El delito para que merecieran morir cocidos a balas? Una caricatura de Mahoma.
�Qu� la mayor�a del mundo conden� la barbarie? Bueno, anotan que Am�rica Latina brill� por su ausencia. Especulo que quiz� es porque en nuestra parte del mundo vivimos con la camiseta del temor.
La �china� mexicana que amasa las tortillas del desayuno pensando si m�s tarde no encontrar�n la cabeza del marido ausente en la v�spera. El ind�gena maya de Guatemala que quiz� estaba mejor en su campo hasta que llegaron los militares. La autoridad en alg�n municipio colombiano rogando que prospere el proceso de paz y los insurgentes no lo secuestren antes. La ama de casa caraque�a que necesita papel higi�nico de estantes casi vac�os y ni c�mo hacer cola si las han prohibido. El activista mapuche en el sur chileno que teme su detenci�n. La carioca que vive en una favela y su casucha parece un bazar con tanto bot�n que trae su gur� de calles inseguras. El minero boliviano con saliva verde de coca, roja de sangre silicosa y miedo de que se derrumbe el agujereado Cerro de Potos� con �l adentro.
�Qu� la mayor�a del mundo conden� la barbarie? No s�. En los 60 se almorzaba con guarniciones televisivas mostrando pilas de cad�veres y ni�as quemadas con napalm. Hoy estamos con dieta diaria de reporteros degollados y ni�as cautivas, violadas o casadas a la fuerza. Y nuestra sensibilidad est� cada d�a m�s callosa. Recemos para que no se repita el odio que tantas guerras y matanzas propici� en las religiones en general, y monote�stas en particular.
Hay que contextualizar los cr�menes en la historia, dicen. El antiamericanismo se est� volviendo prejuicio anti-gringo en general, no importa si estadounidense o europeo. Una �abuelita de mayo�, s�mbolo hasta entonces de los cr�menes y atropellos de militares argentinos, se refocil� con los aviones estrellados por extremistas isl�micos en el 11-S en Nueva York. �Qu� tal si uno de los beb�s secuestrados hac�a d�cadas, hubiese empezado una semana antes de oficinista en una firma del World Trade Center?
Producto siniestro de exportaci�n y contagio general en la especie humana, en partes de Am�rica Latina el encono pol�tico hizo que callen los gobiernos, por defender falsas revoluciones y econom�as en bancarrota. El odio �anti-lo que sea� se traslad� a Bolivia en el inicio del �proceso de cambio�; muestra de ello fue la dicotom�a �k�ara�-�t�ara�, que amenaz� a la humilde corbata de los mestizos pace�os oficinistas. Ignorantes prejuiciosas, sino racistas acusan a los asesinados de Charlie Hebdo de derechistas, siendo que eran precisamente lo opuesto.
Lo que m�s atemoriza es que se pierda el sentido del humor, que se extrav�e la s�tira con la que se consuela la amargura, que se atragante la sardonia criticona de los contrasentidos. �Tendr�n caricaturistas que filtrar sus monigotes en el tamiz de la prudencia temerosa? �La religi�n y la pol�tica ser�n campos minados para ir�nicos humoristas, porque pudieran aparecer matones enmascarados armados con rifles?
De todas maneras, usar� una banda negra de luto en el coraz�n por los caricaturistas sat�ricos de Charlie Hebdo, los jud�os de Francia y los seres humanos del resto del mundo asesinados por el fanatismo religioso, sea el que fuere.
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