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EDITORIAL
Otra muerte que sacude al mundo
Otra muerte que sacude al mundo
Si se observa el contexto, los antecedentes y sobre todo las potenciales repercusiones del caso del fiscal argentino trascienden con mucho los l�mites de su pa�s por su importancia
Cuando todav�a el mundo no termina de salir de su perplejidad por el asesinato del equipo de caricaturistas de un semanario parisiense, un nuevo hecho, la muerte del fiscal argentino Alberto Nisman, ha confirmado que este a�o 2015 naci� destinado a ser uno de los m�s agitados de la historia contempor�nea.
A primera vista, podr�a parecer desproporcionada cualquier comparaci�n entre ambos hechos. Sin embargo, si se observa con atenci�n el contexto, los antecedentes y sobre todo las potenciales repercusiones del caso del fiscal argentino, se podr� ver que, como los asesinatos de Par�s, su importancia trasciende con mucho los l�mites del pa�s en que se produjo.
Son tantos, tan complejos y entreverados los elementos que concurren en la trama que sin duda pasar�n muchos meses, e incluso a�os, antes de que se despejen las dudas que se han abierto la noche del domingo. Mientras tanto, el caso ya se ha constituido en otro punto de divisi�n a partir del que se forman o refuerzan las corrientes de opini�n seg�n afinidades, convicciones y prejuicios s�lidamente establecidos con anterioridad a los hechos.
M�s all� de las especulaciones, lo �nico cierto por ahora es que la muerte de Nisman se produjo muy pocas horas antes de que compareciera ante el Parlamento argentino para revelar detalles y pruebas relacionadas con su denuncia contra la presidenta Fern�ndez y el canciller Timerman por "fabricar la inocencia" de los funcionarios del gobierno de Ir�n, autores del ataque terrorista en 1994 contra la mutual jud�a AMIA.
Se trata, como es evidente, de una acusaci�n cuya gravedad habr�a puesto al gobierno de Cristina Fern�ndez en una posici�n insostenible. M�s a�n si se considera que si bien es el m�s importante, es uno entre muchos casos judiciales relacionados con actos de corrupci�n en los que estar�an involucrados funcionarios de primer nivel del gobierno argentino, empezando por su Presidenta. Para afrontar todos esos casos, incluidas las acusaciones de Nisman, el Gobierno argentino no encontr� mejor f�rmula que llevar la manipulaci�n de la justicia a extremos sin precedentes.
Doce a�os despu�s de la persistente y cada vez desembozada aplicaci�n de esa f�rmula, la independencia y confiabilidad de las instituciones b�sicas del Estado de Derecho han sido reducidas a su m�nima expresi�n. Lo poco que queda en pie �m�s a�n cuando se trata de la justicia� ha pagado un alto precio en t�rminos de sometimiento al poder central. Y las pocas voces disidentes, como lo era la de Nisman, acalladas de las m�s diversas maneras.
En esas circunstancias, es comprensible que el escepticismo haya sido la reacci�n predominante entre la opini�n p�blica argentina, m�s dispuesta que nunca a tomar en serio las m�s diversas hip�tesis, con excepci�n de la oficial, la que atribuye la muerte de Nisman a supuestos impulsos suicidas.
Para complicar m�s a�n el panorama, el caso involucra directamente a Ir�n, uno de los principales protagonistas de la pol�tica internacional, y tambi�n a Israel, dimensi�n cuya real magnitud es todav�a dif�cil prever, pero sobre la que ya hay una serie de hip�tesis que conllevan acusaciones muy fuertes.
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