Mi�rcoles, 28 de enero de 2015
 

DE-LIRIOS

De linajes y otras taras

De linajes y otras taras

Roc�o Estremadoiro Rioja.-. Uno de los legados m�s nefastos de la colonia en Am�rica Latina es el culto a la �procedencia� de las personas, pr�ctica ligada a fenotipos �tnicos y raciales que marcaron fuertemente la divisi�n social del trabajo en las nacientes rep�blicas, que en lugar de aplicar los postulados liberales de la Revoluci�n Francesa (cuyos pr�ceres y libertadores dec�an seguir), en realidad, perpetuaron un rancio orden social feudal y esclavista.
En consecuencia, a pesar de los intentos transformadores y revolucionarios que se han venido ensayando a partir de inicios del siglo XX en la regi�n, subsiste un racismo y castismo que se resiste a salir de las mentalidades, y un apartheid soterrado que contin�a separando y clasificando al semejante.
En tal sentido, uno de los resabios gamonales m�s enquistados en la conciencia colectiva latinoamericana es el culto al �linaje� o �alcurnia�, que perdura con la sobrevaloraci�n de �rboles geneal�gicos, abundando los que aseguran que por apellidar �Tangamandapio�, �Murumumu� o �Socotroco�, son herederos de �genes� que los hacen mejores que otros, crey�ndose legatarios �innatos� de privilegios y a nombre de los cuales se autosegmentan y encierran en redes familiares.
Si bien es evidente que en la Bolivia de los �ltimos a�os, algunos de los otrora sectores subalternizados han accedido al poder pol�tico y econ�mico, adem�s compartiendo similares patrones de consumo y despilfarro que las �lites �tradicionales�, los ecos del apartheid feudal-republicano, a�n se perciben en los espacios �privados�. Los grupos sociales �autodiferenciados�, todav�a mantienen sus �propias� esferas de socializaci�n, como centros educativos, clubs, boliches �exclusivos� y hasta zonas y barrios de las ciudades. De ah�, tama�o esc�ndalo por la incursi�n de �alte�os� al Mega Center de la Zona Sur de La Paz.
As�, con �proceso de cambio� y todo, la situaci�n en Bolivia no parece haber mutado sustancialmente. No solamente porque se conservan espacios privados de socializaci�n excluyentes y desde donde se gestan lazos endog�micos que solventan la conformaci�n de matrimonios y familias entre la �misma� gente. No s�lo porque no faltan los que se pavonean con sus apellidos y/o los que buscan �sangre azul� en sus ascendientes. Tambi�n porque los enarbolados del �cambio� f�cilmente se deslumbran con pretensiones aristocr�ticas, cuando se desga�itan en �demostrar� que una autoridad gubernamental ostenta �linaje� de �Inca� o al insistir en ritos con tufillo mon�rquico para potenciar el liderazgo del Presidente.
A ellos, empezando por la viejita preocupada por la �procedencia� del novio de la nieta, pasando por los habitantes de �zonas� espec�ficas que no quieren �mezclarse� con el resto y terminando con los gobernantes que se empalagan en simbolismos imperiales, habr�a que ponerles la cuesti�n en otra perspectiva, la perspectiva de lo simple y obvio: 1. Las razas no existen, el descubrimiento del genoma humano lo confirma. 2. La sangre de todos los mortales vertebrados es roja. 3. El apellido, finalmente, es un conjunto de letras. 4. Compartimos el 99% de los genes con (�oh, horror!) los dem�s animales, incluyendo moscas, cucarachas o cualquier otro bicho.
Por tanto, da lo mismo si eres verde, azul o morado. Tambi�n si apellidas �Tangamandapio�, �Murumumu� o �Socotroco�, o si tu padre, t�o, abuelo o tatarabuelo fue Perico de los Palotes. Viene siendo igual si desciendes del �Inca�, de la Reina Victoria o del humilde barrendero de la esquina. Lo �nico que hablar� por ti y tu calidad humana son tus acciones.