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EDITORIAL
Hacia una nueva Ley del Deporte
Hacia una nueva Ley del Deporte
El desmedido af�n centralizador de la nueva Ley del Deporte es un defecto que amenaza con desvirtuar cualquiera de sus virtudes
El anuncio hecho por el Ministro de Deportes sobre la decisi�n gubernamental de aprobar en el transcurso del presente a�o una nueva Ley del Deporte, ha desencadenado una muy intensa pol�mica en la que ya participan con inusitado entusiasmo los dirigentes y miembros de las 36 federaciones que representan a otras tantas disciplinas deportivas en nuestro pa�s.
El s�lo hecho de que hayan comenzado a agitarse las usualmente tranquilas aguas en que se mueven las c�pulas dirigenciales de nuestro pa�s es de por s� un hecho positivo. Abrir el debate, provocar el intercambio de ideas y reflexiones sobre la situaci�n del deporte nacional es ya un buen primer paso y s�lo cabe esperar que no sea la defensa de min�sculas cuotas de poder y los privilegios que conllevan lo que m�s motive a los participantes.
Juega tambi�n a favor de la iniciativa el reconocido compromiso con el deporte nacional de muchos de los principales impulsores del proyecto de ley. No hay porqu� dudar de su buena fe y es de suponer que son las mejores intenciones las que gu�an sus actos e inspiran sus propuestas.
A todo lo anterior se suma un dato cuya importancia debe ser destacada si se recuerda que la improvisaci�n, la falta de coordinaci�n y la dificultad para proyectar la mirada m�s all� del plazo m�s inmediato es una de las causas principales de los malos resultados que suele obtener el deporte nacional. Nos referimos a la claridad con que el Ministerio de Deportes ha identificado como punto de referencia de todos sus actos la preparaci�n de los deportistas nacionales para los Juegos Sudamericanos de Cochabamba 2018.
Los buenos deseos, lamentablemente, son con excesiva frecuencia causa de m�s males que los que pretenden resolver. No en vano es tan popular el dicho seg�n el que �el camino al infierno est� empedrado de buenas intenciones�. Y ese precisamente parece ser el caso del actual proyecto de ley porque, como acertadamente lo han hecho notar de manera un�nime los representantes de todas las federaciones y asociaciones existentes en el pa�s, la nueva Ley del Deporte lleva en su n�cleo un defecto que amenaza con desvirtuar cualquiera de sus virtudes. Se trata de su desmedido af�n centralizador que, entre muchas otras consecuencias perniciosas, amenaza con reducir a las federaciones a meras reparticiones subalternas del aparato estatal.
Tal intenci�n es desde todo punto de vista un desprop�sito. Y no s�lo porque las reparticiones estatales est�n muy lejos de ser un modelo a seguir sino porque la injerencia estatal va frontalmente contra uno de los principios b�sicos que rigen la actividad deportiva a nivel internacional.
Si el Gobierno persiste en su af�n de imponer su control sobre toda la actividad deportiva, pone a nuestro pa�s ante el grav�simo riesgo de quedar excluido de los organismos internacionales. Vale la pena pues que en vez de perder tiempo y energ�as en una in�til pugna entre el Ministerio y las organizaciones deportivas, se busquen f�rmulas de complementaci�n de esfuerzos sin que nadie pretenda invadir territorios que le son ajenos.
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