Martes, 3 de febrero de 2015
 

EDITORIAL

El TAM, otro a�o de espaldas a la ley

El TAM, otro a�o de espaldas a la ley



Con el mismo entusiasmo con que el TAM se ampara en el fuero militar para actuar fuera de la ley, compite ventajosamente en el mercado aerocomercial

Ha terminado el mes de enero, y se ha cumplido un a�o m�s desde que la empresa Transporte A�reo Militar (TAM) fuera conminada por primera vez por la Autoridad de Transportes y Telecomunicaciones (ATT) a salir de la ilegalidad en que act�a y se transforme en una empresa formal, sometida a las normas y regulaciones que rigen en nuestro pa�s la actividad empresarial en general y la aeron�utica en particular.
Tampoco han servido de algo los esfuerzos que desde entonces realiza el Servicio de Impuestos Nacional (SIN) para hacer efectivo el cobro de m�s de 55 millones de bolivianos que el TAM debe por concepto de impuestos evadidos y acumulados durante los �ltimos a�os. Es tanta la impunidad de que goza la empresa militar, que ya ni siquiera es posible saber a cu�nto se ha elevado el monto adeudado durante los �ltimos meses pues, como se puede suponer, deben haber corrido multas y otros cargos por incumplimiento de deberes impositivos.
Igualmente in�tiles han sido los esfuerzos de la ATT que vanamente intenta obligar al TAM a someterse al sistema de fiscalizaci�n, control y regulaci�n aeron�utica, condici�n que se supone es imprescindible para que una empresa ofrezca vuelos comerciales.
A�n m�s alarmante es la facilidad con que el TAM pasa por encima de las normas que regulan la aeron�utica civil en nuestro pa�s. En efecto, como si en Bolivia no hubiera ordenamiento legal al que someterse, la empresa aerocomercial militar se niega sistem�ticamente a cumplir las regulaciones de la Direcci�n General de Aeron�utica Civil (DGAC), instancia responsable de velar por el buen funcionamiento de los servicios a�reos.
El argumento con el que los ejecutivos del TAM respaldan su decisi�n de rebelarse contra las normas vigentes en nuestro pa�s es que son una instituci�n militar, por lo que quedan fuera del alcance de las atribuciones que corresponden a la aeron�utica civil. Sorprendente razonamiento si se considera que los servicios aerocomerciales que ofrece esa empresa en nada difieren de los que brinda cualquier otra empresa del mercado y nada tienen que ver con actividades estrictamente militares.
Parad�jicamente, con el mismo entusiasmo con que el TAM se ampara en el fuero militar para actuar fuera de la ley, aprovecha al m�ximo las ventajas que le da esa su condici�n para competir ventajosamente en el mercado aerocomercial. Libre de toda regulaci�n opera con costos m�s bajos, lo que no se refleja en un mejor servicio, ni mucho menos, pero sin duda reporta ping�es utilidades cuyo destino se diluye entre la contabilidad de las Fuerzas Armadas.
Mientras tanto, como es f�cil deducir, es enorme el riesgo al que diariamente se somete a miles de pasajeros que a pesar del desprestigio en que est� sumida esa empresa recurren a ella por falta de informaci�n adecuada sobre su verdadera situaci�n o por cubrir rutas en forma exclusiva.
Es de esperar que no tengamos que lamentar un accidente fatal antes de que se le d� la debida importancia a este asunto. Por eso, lo que corresponde es exigir a la ATT, al SIN, a la DGAC y a cuanta autoridad gubernamental tenga alguna responsabilidad sobre la seguridad aeron�utica, que cumplan su tantas veces reiterado compromiso de hacer algo al respecto.