Domingo, 8 de febrero de 2015
 
El soporte de la fe

El soporte de la fe

Jes�s P�rez Rodr�guez, O.F.M..- En el evangelio de hoy contemplamos a Cristo enfrentando al mal, especialmente el mal de la enfermedad, en todas aquellas personas que le presentaban y, no solamente en la suegra de san Pedro. La suegra de san Pedo fue liberada de la fiebre y de inmediato se puso a servir a Jes�s y a los disc�pulos que le acompa�aban. La acci�n de Jes�s es se�al de que el reino de Dios ha llegado. Cristo, sin duda, viene a salvarnos de las secuelas del pecado, entre ellas la inseguridad y la angustia que provoca la enfermedad, como vemos en la primera lectura, la tremenda prueba por la que pas� Job Job es un hombre proverbial y ejemplo de fe, confianza y paciencia sobre todo.
En la antig�edad era el prototipo de la humanidad doliente. Su vida est� llena de violentos contrastes que se suceden con una finalidad did�ctica. Le toca vivir y saborear la riqueza y la pobreza. Conoce en su vida el cari�o de la amistad y el desprecio a�n con los amigos. En su vida encontramos: la depresi�n, el j�bilo, la humillaci�n, la rebeld�a, la resignaci�n... Hasta llega a encararse con Dios. Dios le reprocha por su actitud, haci�ndole ver que es nada. El libro de Job tiene un mensaje para todos y para todo tiempo, esperar contra toda esperanza.
El creyente, el disc�pulo de Jes�s, est� llamado a iluminar este mundo que le toca vivir. No estamos hechas las personas para la muerte, sino para la vida. El optimismo debe ser el talante de todo cristiano, pues somos obra de Dios. La creaci�n ha sido bien hecha, "y vio Dios que todo era muy bueno". El Concilio Vaticano II afirma: "creyentes e incr�dulos est�n casi totalmente de acuerdo en considerar que todo cuanto existe sobre la tierra debe ser referido al hombre como a su centro y suma" (Gaudium et spes).
Jes�s quiso tener, como hombre, una actividad limitada. Ha sido enviado a buscar las ovejas perdidas del pueblo de Israel. El no daba abasto a todos los requerimientos de peticiones. Lleg� tarde a curar un d�a a la hija del Jairo; otro d�a tambi�n llega tarde a la casa de L�zaro, cuando ya lleva cuatro d�as de muerto. Pero, sin embargo, est� presente en todos y llega a todos. Dios es omnipotente y omnipresente. Est� Dios en todas partes y escucha todos. Pero Dios ha querido valerse de las personas para que el mensaje de la salvaci�n llegue a todos.
Jes�s muestra su ansia de salvaci�n y liberaci�n: "v�monos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar tambi�n all�, que para eso he venido". Jes�s nos da el mejor ejemplo de evangelizador, de predicador del amor y de la salvaci�n. Lo primero que hace, seg�n el evangelista Marcos, es predicar, evangelizar. Cristo no se queda instalado en el �xito que ha obtenido, sino que va a otros pueblos, predicando y curando a los enfermos y pose�dos de los demonios.
Pablo aparece en la segunda lectura de este domingo, lleno del fuego por evangelizar: "ay de m� si no evangelizara". Cada cristiano est� llamado a salvarse, no s�lo �l, sino a anunciar a los dem�s la Buena Noticia. Todos estamos llamados a ser disc�pulos misioneros. �Por qu� habr� tan pocos cristianos cat�licos que sean mensajeros del Evangelio? �Tendr�n verg�enza? En el evangelio de hoy hay un detalle que conviene destacar. Jes�s al d�a siguiente de haber curado la suegra de Pedro y a otros muchos enfermos, se levant� de madrugada, se march� al descampado y all� se puso a orar". Encontramos con frecuencia en los evangelios, especialmente en san Lucas, la referencia a la oraci�n de Jes�s, en ella se daba el di�logo constante con el Padre amado.
Una se�al clara de nuestra fe profunda y madura es el tiempo que dedicamos a la oraci�n o conversaci�n con Dios. La oraci�n debe ser constante, es la respiraci�n del alma. Jes�s dice: "oren ininterrumpidamente". Vivimos en una civilizaci�n que no favorece el dar tiempo a la oraci�n, sino a la distracci�n. Una civilizaci�n donde la despersonalizaci�n de las relaciones, el v�rtigo de la prisa, restan tiempo para dedicarse a orar. Tenemos que reaccionar para encontrar tiempo para la oraci�n y crecer en la fe. Sin la ayuda de Dios no hay fe posible. La Eucarist�a o Misa dominical debiera ser el v�rtice de la semana y el soporte de la fe. Como dec�a el Papa Pi� XII: "la vida de fe de una comunidad parroquial se conoce por la participaci�n en la Eucarist�a.