Jueves, 12 de febrero de 2015
 

SURAZO

Cuentitos carnavalescos

Cuentitos carnavalescos

Juan Jos� Toro Montoya.- Cada vez que se intenta graficar el descuido de los bolivianos en los d�as del carnaval se echa mano de la versi�n del presidente Hilari�n Daza ocultando la noticia de la invasi�n de Antofagasta en febrero de 1879.
Este espinoso tema ya fue abordado en m�s de una ocasi�n en esta columna y en alguna incluso mereci� justificadas refutaciones por parte de historiadores que lo conocen con mayor detalle que la mayor�a de los bolivianos.
El detalle es que el cuento del estafeta Gregorio Colque recorriendo a la carrera �76 leguas en seis d�as� para entregar en mano propia la carta que informaba sobre la invasi�n y habr�a sido ocultada por Daza �en su bolsillo� con el fin de no perjudicar las fiestas del carnaval sigue pareci�ndome una versi�n que bien pudieron creer los bolivianos del siglo XIX pero ya resulta anacr�nica en nuestros d�as.
La Canciller�a boliviana guarda en sus archivos la documentaci�n diplom�tica que se salv� de los avatares de nuestra historia. Ah� est�n las cartas en las que, primero, se advert�a al gobierno de Daza sobre los aprestos militares de Chile y las que incluso fueron publicadas por la prensa de entonces con la noticia de la invasi�n chilena.
Los peri�dicos de la �poca publicaron la noticia de la invasi�n el 28 de febrero de 1789; es decir, 14 d�as despu�s de sucedida. Aunque en ese a�o Bolivia todav�a no contaba con tel�grafo, �c�mo se explica tanta tardanza?
El 24 de marzo de 2013, el investigador Jaime de la Fuente Pati�o arroj� algunas luces en un art�culo publicado en Los Tiempos: desempolv�, entre otras cosas, la tesis de Juan Siles Guevara que, bas�ndose en documentos de la Canciller�a, revel� que la carta con la noticia de la invasi�n sali� de Tacna reci�n el 19 de febrero, cuatro d�as despu�s de ocurrida, y quien la llev� hasta La Paz, haciendo uso de un sistema de correo propio con mulas, fue un hombre identificado como Pedro Ramos.
Pero ni Siles ni De la Fuente justifican el retraso. La carta habr�a llegado a La Paz el 22 de febrero, en s�bado de carnaval, y s�lo tuvo difusi�n masiva el 28. Hubo negligencia pero no hubo estafeta.
�Hasta d�nde llega la responsabilidad de Daza? Esa es una duda que, 136 a�os despu�s, ya deber�a de estar despejada del todo.
El problema es que, m�s all� de los documentos de la Canciller�a, las piezas claves del proceso se perdieron en otro febrero, el de 1894, cuando Daza retorn� a Bolivia y cometi� otro error: anticipar a un periodista, en una entrevista concedida en el hotel Sudamericano de Uyuni, que hab�a llegado con �documentos que oportunamente presentar� (y) vendr�n a dar la verdadera luz sobre los acontecimientos de la Guerra del Pac�fico y determinar�n a los que deben llamarse traidores de la Patria�.
�Y qu� pas� con esos documentos? Desaparecieron la noche del 27 de febrero de 1894, cuando Hilari�n Daza fue asesinado por sus propios custodios. Seg�n Jos� V. Ochoa, la orden de matarlo fue impartida por el capit�n Jos� Mar�a Mangudo y el teniente Manuel Castillo. �Nunca se pidi� esclarecer m�viles del crimen�, agrega.
Sus asesinos se llevaron su portafolio, con los documentos anunciados, y, en lugar de pedir que se esclarezca el crimen, los bolivianos repetimos en cada carnaval el cuentito del estafeta y la carta escondida.