Mi�rcoles, 18 de febrero de 2015
 
Carnaval: La fiesta del desenfreno

Carnaval: La fiesta del desenfreno

Mario Linares Linares.- A partir del jueves de comadres y� hasta el jueves de �Surapata� como ya se ha hecho costumbre, comienza el desenfreno de nuestras j�venes y nuestros j�venes, la p�rdida del control de los actos personales y de las conductas colectivas. Pareciera que durante 360 d�as, desde el anterior carnaval, alguna gente ha estado esperando y preparando estos d�as para el desenfreno.
Han desaparecido hace a�os las buenas costumbres, la gentiliza, la galanura del juego con agua y de los �cascarones� perfumados. Hoy lo que cuenta es consumir bebidas alcoh�licas sin control y es alarmante ver en las calles de Sucre a j�venes, personas mayores y hasta mujeres en completo estado de ebriedad y euforia. Las calles del Centro Hist�rico de nuestra ciudad �patrimonial� que los sucrenses deber�amos cuidar por ser nuestra m�s importante riqueza, en estos d�as se convierten en urinarios, basureros de envases de bebida, as� como ambientes de completa inseguridad para peatones, conductores visitantes y turistas.
Pareciera que estos son los d�as socialmente permitidos para el desborde de los impulsos m�s rec�nditos - ancestrales reprimidos, y� no s�lo aquellos, tambi�n los traumas y conflictos psicol�gicos de algunas y algunos ciudadanos, probablemente por su estado de marginalidad, de represi�n y hasta de resentimientos sociales de todo orden. Como decimos, en estos d�as afloran para transformar la personalidad y la conducta de estos ciudadanos, en otros d�as tranquilos pac�ficos y humildes artesanos, alba�iles, comerciantes, taxistas, amas de casa, estudiantes y hasta profesionales o simples parroquianos� en gladiadores, saltimbanquis, payasos en estado de ebriedad por nuestras calles.
Cuanto ha degenerado nuestro carnaval , se perdi� la iniciativa de los carros con flores y bellas damitas; de los balcones de la ciudad adornados con la simpat�a de nuestras hermosas mujeres esperando al joven de sus sue�os para que le regale desde la calle un � cascar�n � perfumado con la mayor delicadeza y afecto, de la misma manera, ella retribuir el gesto; ya no hay m�s las �casas de comparsa� donde se compart�a y se bailaba con sana algarab�a, sin excesos de alcohol, de malas costumbres, y hasta de baile rid�culo.
Si este desenfreno y esta invasi�n de v�ndalos a las calles del centro patrimonial e hist�rico nuestra ciudad es el VIVIR BIEN� estamos mal,� estos son s�ntomas de una sociedad con grave descomposici�n moral y espiritual.