S�bado, 21 de febrero de 2015
 

D�RSENA DE PAPEL

El MAS en el centro pol�tico

El MAS en el centro pol�tico

Oscar D�az Arnau.- Raro destino el de los pueblos empecinados en apoyar a gobiernos que tan pronto se venden como de corte populista, muestran que no son todo lo izquierdistas que dec�an ser sino correctos se�oritos bur�cratas que solamente se diferencian de sus antecesores por usar chompa de lana de alpaca en vez de camisa de lino y corbata de seda. La comparsa no tiene cara ya para brincar ocult�ndose tras una m�scara carnavalera.
La visi�n econ�mica del pa�s, aunque fuese en el corto plazo, ha primado sobre peligrosas tendencias ideol�gicas que dos o tres vivillos urdieron bajo el paraguas de una enga�osa corriente indigenista, primero, y de un progresismo ventajista o malentendido, despu�s. Venezuela comprueba con dolor que la trama pol�tica basada en el discurso irresponsable y un programa social deleznable solo conduce al despe�adero. El fracaso del ALBA confirma la voluntad del socialismo latinoamericano por cavar su propia tumba y enterrarse solo, antes de que la verg�enza le d� alcance.
Por eso hay que aplaudir la decisi�n del MAS de recapacitar y abandonar su compartimiento estanco para ocupar el centro pol�tico nacional; un t�cito reconocimiento de que el socialismo duro no es lo m�s conveniente para el pa�s y el mundo, as� como tampoco lo es el neoliberalismo secante. Ni blanco ni negro, los pol�ticos bolivianos est�n llamados a atender las demandas de izquierdas y derechas desde el equilibrado centro.
Tan v�lida resulta la fundamentaci�n de un partido en principios b�sicos de la izquierda tradicional como deshonesto no admitir que aquello que empez� siendo una en�rgica interpelaci�n al modelo capitalista se ha ido diluyendo con el paso de los a�os. La moderaci�n del MAS �a pesar de sus varios inmoderados que abren la boca y desparraman su falta de vocaci�n por la cultura sin pudor alguno� se debe, en definitiva, a una cuesti�n de supervivencia. Su horizonte pol�tico estaba a la vista, se le iba acortando el margen de negociaci�n con los sectores comprometidos en las sostenidas campa�as electorales, el descontento de la ciudadan�a aumentaba y hab�a que ampliar el segmento social, ya no ce�irlo a las clases bajas, campesinas y suburbanas.
Lo tuvo f�cil porque no solo jug� este partido con el �rbitro a favor, sino que no hab�a rival. La oposici�n demostr� largamente su incapacidad y termin� siendo uno de los sepultureros de la teor�a del desgaste: El MAS en lugar de debilitarse se ha ido afirmando hasta darse el lujo mon�rquico de reinar a gusto y antojo. La corrupci�n en YPFB, el Fondo Ind�gena y otros, en cualquier lugar del mundo habr�an provocado una disminuci�n en los �ndices de popularidad del Presidente. Pero en Bolivia eso no sucede porque los medios de comunicaci�n independientes trabajan amordazados como fruto de una paciente estrategia de silenciamiento desplegada por el gobierno democr�tico de Morales. Democr�tico en lo formal: la libertad de expresi�n boliviana es un espejismo que no deja ver cu�nto calla el periodismo para evitarse el �mal momento� de la persecuci�n pol�tica.
Aunque las primeras encuestas rumbo a las subnacionales deber�an encender las alarmas del oficialismo por su excesiva dependencia de la figura de Evo Morales para ganar elecciones, el panorama no cambiar� radicalmente. Aun as�, por una cuesti�n de naturaleza pol�tica, el ciclo del MAS en el Gobierno deber�a estar llegando a su fin. Salvo un r�gimen desentendido de las normas elementales de la democracia �el de Cuba, por ejemplo�, cualquier pa�s de Latinoam�rica estar�a de acuerdo con un recambio, independientemente de las virtudes o defectos del Gobierno. Nadie deber�a prolongarse en el poder por m�s de una o dos gestiones consecutivas. Morales lleva tres.