Domingo, 22 de febrero de 2015
 

COLUMNA VERTEBRAL

Nuevos profetas y viejas utop�as

Nuevos profetas y viejas utop�as

Carlos D. Mesa Gisbert.- Quiz� la palabra m�s relevante hoy sea Incertidumbre. La incertidumbre que vale para la mirada pol�tica, para la social y para la econ�mica. No es un t�rmino que cuadre s�lo en Am�rica Latina, el continente tradicionalmente vol�til. Por el contrario, el concepto vale para la sociedad global, que se hab�a construido y pensado sobre la idea de que la globalizaci�n tal como funciona hoy es un hecho incuestionable que no puede ponerse a debate, en tanto es una realidad que lo �nico que permite es insertarse en ella y aceptarla.
Pero la historia nos ha ense�ado que no hay verdades absolutas y que no se debe suponer que los hechos consumados son irreversibles. Es al rev�s, los escenarios pol�ticos, econ�micos y sociales est�n aceler�ndose en su transformaci�n. Un cambio cardinal que hace cinco siglos marcaba una ruta que duraba una o dos centurias, hoy d�a �con suerte� dura una d�cada y ma�ana si llega a un lustro nos podemos dar por bien pagados. En consecuencia, no es bueno caer en la peligrosa tentaci�n de definir escenarios y hacer prospectiva de largo plazo en funci�n de los precarios elementos de an�lisis que hoy tenemos. Hace menos de seis meses, por ejemplo, el actual panorama de precios del petr�leo, de congelaci�n de Europa, de desaceleraci�n econ�mica de un gigante como China, o de recuperaci�n del gigante mayor, Estados Unidos, no estaba en el radar, no ciertamente en los t�rminos en que se produjo. Se pod�a pensar lo obvio: hay ciclos econ�micos, hay momentos de expansi�n y hay momentos de recesi�n. Eso, sin embargo, se ha desarrollado sobre elementos que no estaban en el libreto. En consecuencia, la posibilidad de definir c�mo encaramos el presente y el futuro debiera ser la cautela, y debiera, definitivamente, desterrar dogmas de cualquier jaez.
Si aceptamos esta evidencia, si nos damos cuenta de que la incertidumbre se ha instalado para quedarse por un largo tiempo, podr�amos tambi�n preguntarnos si aquello que nos parec�a una polarizaci�n de largo aliento en Am�rica Latina entre dos ideas, cuestionables ciertamente, pero inevitables para entendernos, que hay una Am�rica Latina a la derecha y otra a la izquierda, nos obligan a repensar lo que ambas implican para establecer mejor las pautas sobre sus contenidos, especialmente en cuanto a la orientaci�n de aquella parte que est� supuestamente a la izquierda.
La teor�a de que hay una Am�rica Latina de izquierda que recupera las viejas utop�as de los a�os sesenta y setenta del siglo pasado, no es otra cosa que una teor�a. Y no porque esa utop�a no tenga un valor intr�nseco, sino porque uno no puede aplicar recetas de un momento a otro momento de manera mec�nica. Podemos mantener ideales y podemos mantener construcciones del Deber Ser de un continente, lo que no quiere decir que podamos aplicar rigurosamente lo que pens�bamos en 1959 con la Revoluci�n cubana, o en 1967 tras la muerte del Che a la realidad de hoy. Ese es uno de los problemas que enfrentan algunos marxistas de Am�rica Latina: suponer que el pasado se congel�, que hubo un momento de Edad Media negra y oscura, definido con la etiqueta de �neoliberal�. La tesis de que este presente descongel� ese pasado, recuper� las utop�as y hundi� el �oscurantismo liberal� y nos permite construir hoy el futuro sobre esas premisas, es un referente parcial. Est� claro que este mundo confuso exige respuestas flexibles en las que inevitablemente parte de la globalizaci�n se entrecruza con, por ejemplo, la plurinacionalidad.
Es una de las razones para que estos equ�vocos nos conduzcan a pensar que lo que se est� planteando en varios de nuestros pa�ses est� referido a la mitolog�a vinculada a la revoluci�n socialista del momento de la Guerra Fr�a y lo que simboliz� alg�n gran l�der latinoamericano de esos procesos que acab�, como el Cid Campeador en el momento final de la batalla frente a los moros, como un caballero muerto al que han montado en el caballo y le han apuntalado la espalda para dar la impresi�n a su ej�rcito de que est� all� lider�ndolo. Es la historia contra el presente, son los viejos paradigmas frente a los nuevos que no representan exactamente aquello que se concibi� en la segunda mitad del siglo pasado, pero que tampoco es el mundo de la modernidad que pareci� emerger de los escombros del Muro. Todav�a es dif�cil caracterizar a la nueva izquierda latinoamericana, todav�a es una entelequia no descifrada, una realidad compleja en la que conviven los radicalismos, la ortodoxia marxista, la inserci�n de una tradici�n propia no europea, el capitalismo m�s salvaje y la modernidad real m�s renovadora. Todav�a con resultados dis�miles y contradictorios.
Para cerrar el cuadro miremos a Europa que se cre�a curada de los virus de la adolescencia, y que se descubre envuelta en dudas e inseguridades y escucha, igual que Am�rica Latina, las trompetas de los nuevos profetas, los de las viejas utop�as.