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EDITORIAL
El reto de los embarazos de adolescentes
El reto de los embarazos de adolescentes
Como indican los organismos especializados en el tema, es urgente dedicar los mejores esfuerzos a la educaci�n sexual de la ni�ez y la juventud pues es la f�rmula m�s eficaz para hacer frente a tan dram�tica situaci�n
Recientes publicaciones period�sticas han vuelto a llamar la atenci�n sobre un problema cuya gravedad al parecer no es todav�a suficientemente comprendida por nuestra sociedad. Nos referimos a la enorme frecuencia con que muchas adolescentes y con no poca frecuencia ni�as cuyo ingreso a la pubertad no ha concluido, resultan embarazadas contra sus deseos y su voluntad.
Los distintos datos que se conocen de Sucre, Chuquisaca y el pa�s son s�lo una muestra de un drama que se multiplica muy especialmente en las zonas rurales y los barrios m�s desatendidos de las ciudades.
Como en otros asuntos, los datos oficiales poco ayudan para dar una cabal idea de la verdadera dimensi�n del problema pues todo indica que est�n sumamente incompletos y subestiman por eso gran parte de la faceta oculta de la realidad, la que suele ser por eso mismo la peor.
A pesar de ello, el Fondo de Poblaci�n de las Naciones Unidas (UNFPA), a trav�s de numerosos estudios, ha calculado que la tasa de embarazos en la adolescencia en Bolivia llega al 21 por ciento, muy superior al promedio latinoamericano que estar�a en 18%. A esa conclusi�n se llega pues los embarazos que se registraron en todo el pa�s anualmente est�n entre 250 mil y 300 mil, y de ellos 60.000 correspondieron a adolescentes cuyas edades est�n comprendidas entre 11 y 18 a�os.
Como es f�cil suponer, a la dimensi�n cuantitativa del problema se debe agregar la cualitativa, pues en casi la totalidad de los casos se trata de embarazos no deseados, fruto de violaciones, de abusos facilitados por los efectos del alcohol o, simplemente, por ignorancia de la relaci�n natural entre sexo y embarazo.
Los efectos multiplicadores de tal situaci�n son por supuesto muchos y a cu�l m�s negativo. La p�rdida de la salud y vitalidad de las mujeres afectadas es una de las peores. Es que debido a que en gran parte de los casos no est�n a�n biol�gicamente desarrolladas para afrontar el embarazo y con mucha frecuencia sufren carencias nutricionales que las condenan a un temprano agotamiento de su organismo. La precariedad econ�mica, cuyo mayor peso recae por lo general sobre las mujeres, sienta por otra parte las bases de una cadena de m�ltiples problemas sociales cuyos efectos negativos trascienden el c�rculo familiar.
Ante tal situaci�n, tanto la Organizaci�n Mundial de la Salud, como el UNFPA y muchos otros organismos internacionales coinciden al recomendar a los gobiernos, y a la sociedad en general, que dedique sus mejores esfuerzos a la educaci�n sexual de la ni�ez y la juventud pues ya est� ampliamente demostrado que la buena informaci�n, acompa�ada por la disponibilidad de m�todos preventivos, es la f�rmula m�s eficaz, si no la �nica en verdad disponible, para hacer frente a tan dram�tica situaci�n.
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