Mi�rcoles, 25 de febrero de 2015
 

DESDE LA TRINCHERA

Catarsis colectiva en Carnaval

Catarsis colectiva en Carnaval

Demetrio Reynolds / La palabra �catarsis� no es muy corriente. Se dice en psicoan�lisis a la �liberaci�n de una emoci�n reprimida�. El Peque�o Larousse, ese mamotreto al que algunos llaman con cierto desd�n el �mataburro�, dice esto que parece estar relacionado con el tema en cuesti�n: �Es la purificaci�n de las pasiones mediante la emoci�n est�tica�. �Exactamente!
Bolivia �fiestera y folkl�rica� es el �nico pa�s donde el carnaval perdura de alg�n modo todo el a�o. En Oruro empieza el primer domingo de noviembre, tres meses antes, como si los pecados y los pecadores fueran tantos que necesitan de los �ngeles para liberarse de los diablos, llev�ndolos ante la mamita del Socav�n para que dejen de tentar a los fieles que moran en la alta tierra de los urus.
La par�bola del cielo y el infierno, como se recordar�, cruz� el Atl�ntico con los espa�oles. Es fama que en ese peque�o grupo que derrib� al monarca socialista en Cajamarca, ya hab�a un sacerdote, el padre Valverde. Con el tiempo, ese emblema de la fe cat�lica se entronc� con la fe terr�gena de los nativos quienes, de esa forma, tambi�n conquistaron a los extranjeros. Ya se ve que era una empresa de ida y vuelta. As� empez� la simbiosis del mestizaje.
Nadie dir�a que la colonia fue una �poca de paz. Al choque brutal sigui� una larga y sostenida explotaci�n. Seg�n cuentan los cronistas, el encomendero rapaz, el fraile indigno, pero tambi�n redentoristas como Bartolom� de las Casas, fueron los actores principales. La espada y el evangelio se disputaban los escenarios de acci�n. En fin, una nutrida gama de cosas buenas y malas dej� la colonia. Pero de esa matriz salieron varias de nuestras leyendas y tradiciones que dan colorido y alegr�a hoy a nuestras �fastuosas entradas�.
El carnaval retrotrae esas figuras emblem�ticas del pasado para reeditarlas de otra forma; ya no con el odio vengativo sino m�s bien con esp�ritu sat�rico y burlesco. Es una brillante y festiva s�tira colectiva el carnaval. En lugar de seguir llorando por los 500 a�os, como los ap�crifos �originarios� de nuestros d�as, ahora se baila y se canta. Un misterioso sortilegio sobrecoge a quienes ven por primera vez esa combinaci�n de m�sica, danza y belleza femenina. Una espl�ndida coreograf�a que emociona hasta las l�grimas.
El diablo no s�lo es el danzante de la comparsa; es tambi�n el T�o de los Socavones de angustia; se ha tejido alrededor de �l una diversidad de mitos y leyendas. Es el miedo sublimado de los mineros. �El primer viernes de cada mes, dice Alberto Guerra, se rinde homenaje al t�o porque es el soberano dios de las riquezas, para evitar accidentes que �l podr�a provocar�. Su representaci�n aleg�rica, con su falo enhiesto, su cigarro y su coca, es una figura imponente.
Es un error seguir hablando de �descolonizaci�n�. A estas alturas, ya no hay esas cuentas. Todo lo que hab�a se ha sublimado en m�sica, danza y belleza; es decir, ahora es un espect�culo maravilloso en las calles o incitativo ritmo de baile en cualquier parte.