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EDITORIAL
Negociaci�n salarial
Negociaci�n salarial
Pedir un incremento salarial por encima de las posibilidades del Estado o de las empresas privadas, lleva consigo el riesgo del cierre de fuentes de trabajo
Siguiendo el ritual correspondiente, el Gobierno y la Central Obrera Boliviana (COB) han inaugurado negociaciones sobre el pliego petitorio planteado por la organizaci�n sindical en el que lo predominante, como siempre, es el pedido de un incremento salarial por encima de las posibilidades del Estado para satisfacerlo.
Tambi�n como siempre, los dirigentes de la COB se resisten a que para tratar �ste y otros temas relativos al trabajo se instalen mesas tripartitas de negociaci�n: Gobierno, trabajadores y empresarios, de manera que los tres pilares de la econom�a puedan establecer acuerdos de largo plazo y beneficio com�n.
Tras la gran cesi�n que hicieron los actuales dirigentes de la COB de abandonar el principio de la independencia pol�tica, que rigi� desde su fundaci�n, y aceptar aliarse con el Gobierno de turno por presuntas identificaciones ideol�gicas, son incapaces de comprender que hoy en el mundo hay la necesidad de subordinar muchas demandas a la mantenci�n y creaci�n de empleo digno y seguro, neg�ndose a ver que el predominio de esa incomprensi�n tiene serias consecuencias sociales como el empleo precario, la crisis de la seguridad social y la representaci�n sindical tradicional, individualizaci�n y multifuncionalidad de empleo, etc.
En ese contexto, pedir un incremento salarial por encima de las posibilidades del Estado o de las empresas privadas, lleva consigo el riesgo de que en vez de garantizar e incluso ampliar el mercado laboral digno y estable signifique el cierre de fuentes de trabajo.
Empero, los dirigentes sindicales �y no pocos dirigentes pol�ticos� siguen concibiendo un Estado gigantesco capaz de atender todas las demandas de la sociedad, al punto que las t�midas respuestas gubernamentales incluso son calificadas como expresi�n de �fascismo� en la jerga que en contra de las dictaduras de los 70 y 80 se utilizaba.
Lamentablemente, el discurso gubernamental es ambiguo. Si bien en el �rea econ�mica predomina una visi�n moderna y pragm�tica de la realidad coexisten corrientes radicales que hacen profesi�n de fe en el pasado y act�an con total falta de coherencia con la primera. El costo de esta ambig�edad en una realidad tan compleja como la actual y que es mantenida, por lo dem�s, para seguir ampliando la capacidad gubernamental de copar m�s espacios de poder, y seguir manteniendo rutinas que, como muestra la experiencia, s�lo provocan nuevas frustraciones sociales.
De ah� que anualmente se mantiene el ritual vigente de los a�os 50, con un importante actor de la econom�a, el empresarial, ausente de un debate sobre trabajo, y con un Estado que debe hacer filigranas para satisfacer las demandas de eventuales aliados con los siempre limitados recursos con los que cuenta.
Si es correcto este an�lisis, el Gobierno podr�a �dadas sus caracter�sticas particulares� romper ese ritual anual, y convencer a las partes de que el di�logo y la concertaci�n transparentes entre Estado, trabajadores y empresarios es el mejor m�todo para definir rumbos de la econom�a y, especialmente, mejorar las condiciones del mercado laboral y, como consecuencia, los beneficios sociales que un trabajo digno y estable debe ofrecer a la gente.
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