S�bado, 28 de febrero de 2015
 

ERRAR ES HUMANO

Mucho ruido y pocas nueces

Mucho ruido y pocas nueces

Ronnie Pi�rola G�mez.- Nuevamente se aproximan elecciones y, como todo proceso democr�tico, se espera que sean los habitantes del Estado quienes definan, a trav�s de un voto mayoritario, qui�nes ser�n las autoridades que regir�n la administraci�n p�blica, y, por ende, ser�n los l�deres que determinen las acciones que a su turno, se supone, redundar�n en el propio votante.
La democracia es un juego de propuestas, las de uno frente a las del otro, ambas emprendidas en ocasiones por visiones ideol�gicas que a lo largo de la historia han permitido la existencia de conocidos enfrentamientos entre polaridades tan populares como la izquierda socialista y la derecha capitalista; o que han permitido el surgimiento de una serie de formas de gobierno basadas, en muchos casos, en quien detenta el poder y quien puede ejercer la coerci�n en base a dicho poder y, l�gicamente, su base econ�mica. As� sucede y ha sucedido tambi�n en Bolivia, y de �pocas en las que se han vivido gobiernos socialistas como los que hist�ricamente pretendi� J.J. Torrez (1970 � 1971), en el que se expuls� a los Cuerpos de Paz de Estados Unidos, se nacionaliz� la Mina Matilde, se increment� el presupuesto a las universidades p�blicas y que deriv� en un parad�jico gobierno militar de izquierda; tambi�n pasamos a gobiernos como el de S�nchez de Lozada (1993-1997 y 2002-2003), que realiz� la capitalizaci�n de empresas p�blicas y el conflicto por el gas, derivando luego en su renuncia y que fue el ep�logo de un gobierno de derecha; llegando as� al denominado Proceso de Cambio, liderado por el Presidente Morales, el cual viene desarrollando una pol�tica (2006 hasta la fecha) marcada por una tendencia social y una visi�n popular que el tiempo se ocupar� de valorar. Estas, as� de variadas, pueden ser algunas de las posturas que se planteen en los escenarios electorales del pa�s, en este a�o en las elecciones subnacionales, en las que definiremos qui�nes acceder�n al mando de los gobiernos municipales, departamentales y regionales.
As� es que, en dicha l�gica, tendremos posturas e imposturas, pero lo esencial, lo realmente importante, la propuesta de fondo, poco importar� para un electorado acostumbrado a votar en masa o a votar porque �ste, o aquel, sea oficialista u opositor. Los azules votar�n por quien el partido imponga, hubiese sido por el ex alcalde, ahora ser� por un nuevo candidato, as� tambi�n lo har�n a nivel de la Gobernaci�n cuyo candidato ser� apoyado sin duda alguna; a su vez los opositores, sean verdes, naranjas, rojos o multicolor, se presentar�n rotos, fraccionados y carentes de una alternativa o propuesta, votar�n disparados a distintos lados, sin unidad y sin chances de ganar; pero claro, por l�gica y hasta parecer�a que por una especie de convicci�n, los electores de estos �ltimos votar�n contra el oficialismo, no porque su candidato sea mejor, o porque siquiera tenga una propuesta m�nimamente superior que el otro, lo har�n sencillamente porque es una oposici�n para el partido de gobierno.
Votar as�: los oficialistas sin dudar del candidato impuesto y �nicamente fieles a la consigna, y los otros por quien sea contrario a los primeros, solamente por el hecho de ser ant�nimo, no es democracia, al menos no una democracia madura, pues no implica un proceso pensante; es visceral, inerte, falto de propuestas, de ideolog�a e incluso de practicidad. Por ello, entre varios otros temas, nuestra inmadura democracia tiene mucho ruido y pocas nueces.