|
PROJECT SYNDICATE
Objetivos radicales para el desarrollo sostenible
Objetivos radicales para el desarrollo sostenible
Barbara Unmuessig.- Imaginemos por un momento que pudi�ramos cambiar el mundo conforme a nuestros deseos. La dram�tica desigualdad econ�mica ceder�a el paso a una situaci�n pol�tica y social no excluyente. Los derechos humanos universales se har�an realidad. Acabar�amos con la deforestaci�n y la destrucci�n de la tierra de cultivo. Las poblaciones de peces se recuperar�an. Dos mil millones de personas abrigar�an la esperanza de una vida sin pobreza, hambre y violencia. En lugar de hablar de boquilla sobre la lucha contra el cambio clim�tico y la escasez de recursos, comenzar�amos a respetar y hacer respetar los l�mites de nuestro planeta y su atm�sfera.
�se era el objetivo en 2001, cuando las Naciones Unidas aprobaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y lo ser� el a�o pr�ximo, cuando expiren los ODM y las NN.UU. aprueben un marco sucesor para la pol�tica de desarrollo y medioambiental. El pr�ximo conjunto de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) ir� encaminado a proteger los ecosistemas, conservar los recursos y, como en el caso de los ODM, sacar a millones de personas de la pobreza.
La de combinar los marcos medioambiental y de desarrollo es una buena idea, que se basa en el �xito de una infinidad de convenciones y acuerdos internacionales formulados con los auspicios de las NN.UU. para proteger el clima, conservar la diversidad biol�gica, respetar los derechos humanos y reducir la pobreza. Aunque pueden no ser perfectos �y, lamentablemente, los pa�ses que los ratifican no siempre alcanzan las metas fijadas�, han propiciado la creaci�n de procesos institucionales que alientan a los pa�ses a cumplir sus promesas e infundir valent�a a los ciudadanos para que exijan la rendici�n de cuentas de los gobiernos.
Pero, si bien los ODS estar�n, as�, asentados sobre un terreno jur�dico s�lido, se debe desarrollarlo m�s. Para empezar, a�n no se han formulado acuerdos y metas mundiales relativos a las amenazas medioambientales, incluidas la destrucci�n del suelo f�rtil y la producci�n mundial de pl�stico. Semejantes acuerdos ser�n necesarios para permitir que en los ODS se tengan en cuenta los derechos humanos, el medio ambiente y el desarrollo de forma hol�stica.
Los investigadores y las organizaciones de la sociedad civil han estado pidiendo que se d� un giro de 180 grados en materia de degradaci�n del suelo de aqu� a 2020 y est�n presionando para que al menos se re�na un grupo de expertos internacionales en las NN.UU. a fin de abordar ese aspecto fundamental de la seguridad alimentaria mundial. Todos los a�os, 12 millones de hect�reas de tierra, una superficie del tama�o de Austria y Suiza, se pierden por una utilizaci�n excesiva de ella y una aplicaci�n exagerada de fertilizantes. Las repercusiones medioambientales se multiplican con la agricultura en gran escala. Las consecuencias sociales pueden ser tambi�n muy graves: desahucios, p�rdida de medios de vida y conflictos violentos.
Adem�s, se debe poner freno a la utilizaci�n del pl�stico. Desde el decenio de 1950, la producci�n mundial se ha multiplicado por 100. Todos los a�os, se producen m�s de 280 millones de toneladas de pl�stico y grandes cantidades de ellas acaban en las aguas subterr�neas, los r�os y los oc�anos... y ascienden por la cadena alimentaria. Aunque el pl�stico no es biodegradable, ning�n pa�s ha prometido impedir que entre en nuestro medio ambiente.
Otra posibilidad en gran medida in�dita ser�a la de fijar metas para suprimir progresivamente las subvenciones medioambiental y socialmente perjudiciales. A escala mundial, semejantes subvenciones, como las ofrecidas por la Pol�tica Agraria Com�n de la Uni�n Europea, ascienden a centenares de miles de millones de d�lares, que menguan los presupuestos y con frecuencia en nada ayudan a los pobres. Recortarlas no s�lo eliminar�a incentivos perversos, sino que, adem�s, liberar�a fondos para la educaci�n, la atenci�n universal de salud y las infraestructuras de las zonas rurales, donde son necesarios para crear oportunidades con miras a la obtenci�n de ingresos.
Lamentablemente, no es probable que consigamos el mundo que deseamos. Las negociaciones sobre los ODS reflejan lo que actualmente es posible en un marco multilateral: relativamente poco. Ning�n gobierno est� dispuesto de verdad a abordar las causas de la desigualdad y del hambre, lo que requerir�a asignar la m�xima prioridad a una fiscalidad m�s equitativa y una asistencia social amplia. Semejantes reformas ser�an m�s eficaces que cualquier ayuda para el desarrollo, pero de momento son inalcanzables.
Tambi�n las reglas de la econom�a mundial siguen siendo intocables, por lo que resulta casi imposible reestructurar las pol�ticas financieras y comerciales para velar porque no contribuyan a crear m�s pobreza, un cambio clim�tico incontrolado y una destrucci�n irreversible de recursos.
Los t�rminos acordados hasta ahora no son tranquilizadores. Un compromiso, ya vetusto, con el crecimiento econ�mico a toda costa no es una respuesta a la pregunta de c�mo se puede equilibrar el desarrollo con los l�mites de nuestro planeta y con el hecho de que miles de millones de personas vivan en la pobreza. En un mundo finito, el crecimiento infinito es imposible y el aumento de la producci�n no pondr� alimentos en la mesa de todo el mundo, si no se distribuyen equitativamente los beneficios del crecimiento.
No son s�lo los pa�ses avanzados los que est�n obstaculizando la creaci�n de un programa audaz de desarrollo. Las minor�as selectas de los pa�ses en desarrollo y los pa�ses en ascenso est�n aprovechando la negociaci�n sobre los ODS primordialmente como plataforma para pedir transferencias de ayuda internacional.
Las NN.UU. s�lo son tan positivas como sus miembros. Sabremos hasta qu� punto lo son por la amplitud con la que consideren los ODS como una oportunidad para establecer prioridades de verdad nuevas y objetivos de verdad universales para la pol�tica de desarrollo y medioambiental en el siglo XXI.
|