|
EDITORIAL
Urgente armonizaci�n de criterios
Urgente armonizaci�n de criterios
Ahora que se aproxima el inicio de una nueva gesti�n gubernamental, es de esperar, que los esfuerzos se concentren en la b�squeda de una elemental coherencia
La ca�da de los precios del petr�leo en el mercado internacional, sus eventuales efectos sobre la econom�a y sus repercusiones pol�ticas y sociales en cada pa�s del planeta y en el escenario geopol�tico internacional, son desde hace algunos meses los temas alrededor de los que en todo el mundo se desarrollan los m�s apasionados debates. Abundan las m�s diversas hip�tesis sobre las causas del baj�n y a�n m�s numerosas y diversas que �stas son las previsiones sobre sus efectos en el corto y el largo plazo.
Lo que pasa en nuestro pa�s no es una excepci�n, ni mucho menos. Por el contrario, los m�s notables ejemplos de la diversidad de opiniones a la que se presta el tema se pueden encontrar nada menos que en el gabinete ministerial y en los m�s altos niveles de la jerarqu�a encargada de dise�ar un plan de acci�n para afrontar la crisis. Por ejemplo, puede decirse que en un extremo se ubica el Ministro de Econom�a, quien insiste en quitarle toda relevancia al tema, y en el otro, el Ministro de Trabajo quien hace unos d�as, al justificar la decisi�n de cancelar la decisi�n gubernamental del feriado anunciado con motivo del paso del rally Dakar por suelos bolivianos, atribuy� la medida a la necesidad de contrarrestar la ca�da del precio del petr�leo.
Si tan dispares criterios se limitar�n al plano del intercambio de ideas, por apasionado que �ste fuera, como suele ocurrir en el �mbito acad�mico, no habr�a mucho de qu� preocuparse. En cambio, cuando las discrepancias se producen entre quienes tienen en sus manos la conducci�n de todo un pa�s --y no cualquier pa�s, sino uno de los m�s afectados-- tal confusi�n puede traer grav�simas consecuencias.
Es precisamente ese peligroso punto al que al parecer estamos llegando, pues no hay d�a que pase sin que afloren las dubitaciones sobre la manera como el Gobierno nacional se propone hacer frente al desaf�o. Y no se trata s�lo de inofensivas incongruencias ret�ricas, sino de contradicciones que se plasman en pol�ticas de Estado incompatibles entre s�.
En efecto, mientras por un lado se pone �nfasis en la necesidad de ampliar la base productiva del pa�s mediante la promoci�n de inversiones privadas y extranjeras, por otra se lanzan imprudentes amenazas sobre la intenci�n de intensificar el proceso de estatizaci�n de la econom�a. Mientras se tiende una mano al sector privado para que se sume a un esfuerzo compartido, con la otra se lo asfixia mediante medidas que ponen en riesgo su viabilidad inmediata.
Lo mismo puede decirse de la manera de lidiar con el frente externo de la econom�a y su correlato, la pol�tica internacional. Con el mismo entusiasmo con que desde una vertiente se tienden lazos para restablecer puentes de acercamiento con Estados Unidos o los pa�ses de la Alianza del Pac�fico y sus respectivos mercados con la otra se enturbian las aguas mediante injustificables agresiones verbales y se alinean posiciones con reg�menes que, como el venezolano, resultan m�s que nunca p�simos compa�eros de ruta.
Es imposible que tal disociaci�n se mantenga por mucho tiempo sin causar graves da�os al futuro econ�mico nacional. Es de esperar, por eso, m�s a�n ahora que se aproxima el inicio de una nueva gesti�n gubernamental, que los esfuerzos se concentren en la b�squeda de una elemental coherencia.
|